viernes, 4 de diciembre de 2015

¿Es posible escapar a las agencias de profesores?


Sí, es posible, y les cuento cómo lo he hecho.

Hace un mes de mi última entrada, un mes muy movidito en el que he estado a tope con la búsqueda de empleo y ahora puedo decir con muchísima felicidad que acabo de conseguir el trabajo con el que nunca soñé empezar: de profesora de español en un centro de la ciudad en la que vivo.

Cuando decidí venirme a Inglaterra y teniendo claro que quería un trabajo en el sector de la enseñanza, investigué desde España el panorama. Todo el mundo decía que era muy complicado encontrar trabajo directamente como profesor, así que sopesé las diferentes opciones. De entre ellas, había dos que me parecían las más plausibles:

1. Trabajar de supply teacher, de profesor sustituto. Esto implicaba darme de alta en diferentes agencias. despertarme cada mañana, prepararme para ir a trabajar y esperar una llamada. Si había trabajo ese día para mí, genial, si no, tocaba quedarse en casa. El día que fuera a trabajar, cobraría decentemente, pero sabría que la agencia se estaba quedando con una jugosa comisión.

2. Trabajar como teaching assistant, asistente o ayudante de profesor. Esta figura no existe en España, pero aquí es muy común. Es un trabajo que no requiere de muchas cualificaciones. Por lo tanto, el sueldo es bastante más bajo que el de un profesor (y también que el de un supply teacher que trabajara cada día). Sin embargo, es un trabajo estable, cada mañana sabes a dónde vas a ir a trabajar, con qué alumnos, con qué compañeros, en qué horario...

Comparé las dos opciones y en seguida tuve claro que prefería lo segundo. No llevo bien la incertidumbre continua, prefería la estabilidad laboral y emocional del sueldo fijo de una teaching assistant, por mucho que este no fuera especialmente alto. Además, pensaba que mi aprendizaje sería también mayor. Si no me cuadraba eso, ya me plantearía lo de las agencias.

¿Cómo busqué trabajo? Principalmente a través de la página web de mi County Council, Buckinghamshire, y de la de Oxfordshire, que queda cerca. Básicamente rellené solicitudes para todos los trabajos de teaching assistant o parecidos de colegios que no me quedaran excesivamente lejos de casa. El CV en inglés que me había preparado no lo he usado para nada, todo va a través de largas solicitudes que tienes que rellenar y enviar y te pueden llevar varias horas. Por suerte, muchos colegios utilizan la estándar de su County Council, pero no todos.

Durante este proceso, es importante no perder ni el optimismo ni la paciencia. De 17 applications enviadas para este tipo de puestos, tres colegios me invitaron a entrevista, precisamente los tres que más lejos me quedaban. Contaré mi experiencia de entrevistas en otra entrada, pero las dos a las que pude ir (unos me citaron cuando aún estaba en España) salieron muy bien.

Un buen día se abrió la gran vacante: profesor de español y/o alemán (sí, "y/o"). Tenía pocas esperanzas sin experiencia en UK, todo el mundo decía que era casi imposible, pero no iba a dejar de intentarlo. Pasé una mañana entera rellenando la application con más mimo y cuidado que nunca. La envié. Una semana después de haber cerrado el plazo, recibí la llamada: que me invitaban a entrevista unos días más tarde. Por supuesto, ahí estaré. Tuve que prepararme una clase de español para alumnos desconocidos en un cole desconocido. En total, dos horas y media en el cole y a la llegada a casa por la tarde un dolor de cabeza y un cansancio tremendos. La recompensa llegó dos días más tarde, en forma de una nueva llamada.

Así que sí, es posible escapar de las agencias Es posible buscar trabajo de otra manera. Supongo que la situación cambia según el County Council, puede ser que en Londres sea mucho más complicado hacerlo así, no lo sé. En cualquier caso, se puede. Eso sí, hace falta un buen colchón de ahorros para sobrevivir un par de meses mientras te pasas las mañanas en casa comprobando las vacantes cada dos por tres y escribiendo solicitudes sin parar.

Si estás en esta situación o tienes pensado irte pronto a Reino Unido a buscar este tipo de trabajo, ¡ánimo y suerte! Haz acopio de paciencia, pensamiento positivo y energía y ponte a ello.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Qualified Teacher Status: qué es y cómo se pide

Si tu objetivo es trabajar como docente en el Reino Unido, un requisito importante es pedir tu Qualified Teacher Status (QTS), es decir, la acreditación de que puedes ejercer como profesor. Hay diferentes maneras de empezar a dar clase en Reino Unido, pero me voy a centrar exclusivamente en el caso de profesores de otro país de la Unión Europea que deciden venir aquí a buscar empleo.

Antes de engañar a nadie, es importante aclarar que, por todo lo que he leído y comprobado yo misma en las ofertas de empleo que me llegan, es muy complicado conseguir trabajo como profesor sin tener antes experiencia previa escolar en Reino Unido. ¿Cómo se consigue esa experiencia? A través de otros trabajos, como por ejemplo los de Teaching Assistant, Cover Supervisor o Supply Teacher. Para algunos no te hará falta el QTS porque realmente no se consideran como trabajos de "teaching", sino de "support", es decir, de personal auxiliar. Sin embargo, si reúnes los requisitos para que te otorguen el QTS, más vale sacarlo cuanto antes, ya que el proceso es gratuito (exceptuando el pago para las traducciones juradas) y te hará falta cuando des el paso a un puesto de docente.

Hay entradas en otros blogs sobre cómo conseguir el QTS, algunas muy completas como esta. Ahí tienes un paso a paso con toda la información que hay que rellenar y la documentación necesaria. Si escribo esta entrada yo es solo porque en los últimos meses el proceso de solicitud del QTS ha variado y ahora es todo online. No hay que enviar nada por correo ordinario ni hacer fotocopias compulsadas de nada.

La documentación que necesitarás depende de la vía por la que optas al QTS. Hay tres, pero me voy a ceñir a las dos primeras, que creo que serán las más comunes. (La tercera consiste en pedir el QTS basándote en tu experiencia docente).

1. Eres Maestro:
  - Original de tu título de Magisterio + traducción jurada de tu título.
  - Suplemento Europeo al Título o bien Certificación Académica Personal (expediente) + traducción jurada.

2. Eres Profesor de Secundaria:
   - Original de tu titulo universitario + traducción jurada.
   - Original del CAP o Máster de Formación del Profesorado + traducción jurada.
   - Suplemento Europeo al Título de los dos o bien Certificación Académica Personal (expediente) + traducción jurada de los dos.

A parte de esta documentación necesitarás:
   - DNI o pasaporte (sin traducir).
   - Acreditación de cambio de nombre, si lo hubiera (sin traducir).

Ya está, con esto es suficiente, no hacen falta otro tipo de acreditaciones ni volverse loco con nada más. Antes de empezar la solicitud online, simplemente escanea los originales de tus títulos, las traducciones, el DNI y punto.

Si tu Universidad tramita el Suplemento Europeo al Título bilingüe, genial, te ahorrarás algunas traducciones; si no, necesitarás mandar traducir los expedientes y adjuntar los originales, como especifico más arriba.

Ya no hay que preocuparse por dónde compulsar documentos, cómo enviarlos, etc. Ahora es muy sencillo pedir el QTS. Ellos te responderán por email algunas semanas más tarde y fin del asunto.


jueves, 29 de octubre de 2015

Empiezo a escribir una nueva página

¡Buenos días!

Hace trece meses que no escribo en Página en Blanco. Como todo en esta vida, tiene una explicación; quizás debí darla cuando decidí dejar de escribir, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Durante los dos últimos años he estado trabajando como profesora de Lengua e Inglés en Secundaria y Ciclos Formativos en España. Por supuesto, es un trabajo que puede ser fuente de innumerables anécdotas y cosas que contar al mundo pero, de alguna manera, fui sintiendo que lo que tenía que contar tal vez no interesara tanto a unos lectores a los que en un primer momento había atraído el contenido sobre traducción de este blog.

En cualquier caso, me he dado cuenta en este tiempo de que, si bien la traducción me encanta y no me importaría trabajar de ello si fuera necesario, me llena muchísimo más la docencia como carrera profesional. (Ya una vez comparé ambas profesiones). Por suerte, desde el principio en el blog me defino no solo como traductora, sino también como profesora, con lo que espero no haber engañado a nadie.

Empecé este blog hace tres años porque me marchaba a Luxemburgo a hacer las prácticas de traducción en el Parlamento Europeo y me di cuenta en ese momento de que no había casi nada de información en español al respecto en Internet, así que decidí llenar esa parcela vacía. Una vez volví a casa, me costó más encontrar temas interesantes, originales y relacionados con la temática del blog para escribir sobre ellos.

Ahora, igual que hace tres años cuando fui a Luxemburgo, empiezo una nueva aventura en el extranjero. Esta vez la vida me ha traído a Reino Unido, donde mi objetivo inicial es abrirme paso en el mundo de la docencia. No tengo ni idea de cómo me irá, pero sí que sé que ahora vuelvo a tener un motivo claro para empezar a escribir una nueva página, en mi vida y en este blog.

Blogs sobre vida y trabajo en Reino Unido ya hay, por supuesto, pero yo aportaré mi granito de arena, siempre desde mi propia experiencia y mi punto de vista personal.

¡Un saludo y bienvenidos de vuelta!

P.D. Por cierto, no he pasado todos estos meses ajena al mundo de los blogs. Invito a quien no lo conozca a pasarse por mi blog 52 semanas en fotos. ¡Esto sí que no tiene nada que ver ni con traducción ni con docencia!

lunes, 29 de septiembre de 2014

Una de variedades dialectales y complejos


Como todos los años, toca empezar el curso haciendo evaluaciones iniciales. Este año doy Lengua en 2º de la E.S.O., a los mismos alumnos a los que di clase el año pasado cuando estaban en 1º. En la prueba inicial, incluí una pregunta que podríamos calificar como «trampa», pero que ya habíamos trabajado en clase el curso pasado. Las respuestas me dejaron asombrada y triste a la vez.

Preguntaba a mis alumnos: «¿Quién habla mejor el español, un madrileño o un canario? Razona tu respuesta».

De los 55 alumnos que hicieron la prueba, 39 (el 69,64 %) respondieron que el madrileño; 4 (el 7,14 %), que el canario y 11 (19,64 %), que ambos hablan igual de bien, aunque con diferentes variedades geográficas. Solo un alumno (1,79 %) dejó la pregunta en blanco.

No puede sino sorprenderme que más de dos tercios de la clase consideren que una variedad geográfica es mejor que la otra. Razones, varias, algunas más aceptables y otras, menos: que usan más palabras admitidas por la R.A.E., que llevan más tiempo hablando español, que pronuncian bien y nosotros no, que están en la Península y nosotros no, que hablan más fino, etc.

Iba echando un vistazo a las respuestas a medida que entregaban. Alguno me decía durante el examen: «Seño, no entiendo esta pregunta, ¿qué pongo?». Los descolocaba. Cuando todos habían entregado, les confesé que había una pregunta trampa. Todos supieron al momento de cuál se trataba y, cuando aclaramos en clase que hay muchas variedades geográficas en nuestra lengua y que todas son igual de válidas, así como que es el nivel cultural del hablante el que más afecta al grado de corrección con el que usa la lengua, ninguno disintió. Todos entendieron y aceptaron la respuesta, además de recordar (o eso espero) que en realidad ya habíamos hablado de esto mismo el curso pasado.

Entonces, ¿por qué la mayoría escribe casi sin dudarlo que uno habla mejor que el otro? ¿Por qué solo una quinta parte de la clase (y no precisamente en todos los casos se trataba de los alumnos que sacan mejores notas) es consciente de que las dos variedades son correctas o se atreve a escribirlo? Tal vez, si hubiera formulado la pregunta de otra forma (por ejemplo, «¿Crees que un madrileño habla mejor que un canario o al revés o piensas que los dos hablan igual de bien?» o «¿Dirías que una persona de la Península habla mejor el español que un canario?»), habría habido más respuestas correctas.

Por supuesto, hay que plantearse también: ¿por qué, puestos a decir que uno habla mejor, solo cuatro alumnos piensan que es más correcta la variedad canaria? Entiendo las razones para decir lo contrario, sí, pero es inevitable al experimentar este tipo de situaciones volver a pensar en ese manido complejo que muchos canarios tienen en relación con su forma de hablar castellano. Y seguro que no solo canarios, claro.

De corazón espero que, al menos a estos alumnos, no vuelva o olvidárseles esta lección. Que entiendan que toda variedad geográfica es aceptable, que no pasa nada por aspirar una «ese» (en cambio sí pasa, claro está, por no escribirla donde va) o por decir «ustedes» en vez de «vosotros».

Escribo este artículo sin ánimo ninguno de ensalzar mi variedad dialectal o de denostar otras, espero que quede claro. Sí que me gustaría que nos planteáramos (canarios y no canarios si es el caso también) si tenemos este complejo de tener un acento que no es el estándar o de utilizar palabras que no son las más usadas en el ámbito nacional, por qué lo tenemos y si merece la pena mantenerlo. Nos tienen que entender cuando hablamos, eso que vaya por delante, y tendremos que hablar con corrección y adaptarnos a nuestro oyente, pero de manera que todos salgamos ganando (a mí me encanta aprender palabras y expresiones de otros lugares) y, sobre todo, que ninguno se sienta inferior a nadie por haberse criado con un léxico y un acento diferentes al «estándar». (Y todo esto obviando el hecho de que hay una gran cantidad de países ahí fuera que hablan nuestro mismo idioma con una miríada de variedades geográficas asombrosa).

sábado, 27 de septiembre de 2014

Cómo escribir correctamente un diálogo


A muchos nos gusta escribir ficción, lo hacemos desde que estábamos en el colegio y nos mandaban a escribir un cuento y algunos seguimos aventurándonos en este mundo de adultos. Sin duda, los fallos más comunes con los que me encuentro al leer o corregir historias de ficción son aquellos relacionados con la puntuación de los diálogos entre los personajes.

Aquí van las normas básicas para el género narrativo.

Lo primero que hay que tener claro es que el guión (-) no es el signo ortográfico correcto para marcar un diálogo. Lo que debemos utilizar es la raya (—) que, como se puede apreciar, es bastante más larga que el guión. ¿De dónde la sacamos cuando escribimos a ordenador? Aquí empiezan las complicaciones. No es, obviamente, la raya baja de los correos electrónicos. Podemos encontrar la raya en «caracteres especiales» al darle a «insertar símbolo» en Word. Mi ordenador la llama «guión largo» y viene con el atajo de teclado Ctr+Alt+- (el guión debe ser el del teclado numérico). Si no encontramos la raya en los símbolos de Word o queremos estar totalmente seguros de ponerla bien, podemos buscar «raya» en el Diccionario Panhispánico de Dudas y copiar y pegar, pero es un procedimiento mucho más engorroso (dicho esto, yo lo uso muy a menudo).

El segundo detalle importante: las rayas van pegadas a lo que encerramos entre ellas, al contrario que el guión. Es decir, que escribiríamos:

—Me llamo Laura.

Y no:
*- Me llamo Laura
  o
  *— Me llamo Laura.

En otro ejemplo más largo:

—¡Hola! ¿Cómo estás?— saludó Miguel—. Hace tiempo que no nos vemos.

En muchas ocasiones, como en el ejemplo anterior, el narrador añade comentarios en medio de la intervención de un personaje. En ese caso, hay que encerrar esos comentarios entre rayas y poner el signo de puntuación respectivo (punto, coma, punto y coma) tras la segunda raya y no antes de la primera. Además, hay que fijarse si el comentario comienza con uno de los llamados «verbos de habla» o «verbos dicendi» (decir, responder, preguntar, exclamar, susurrar, etc.) o no. En caso de que sí, el comentario se considera parte de la oración anterior y la primera palabra va en minúscula. Si no, se considera otra oración y, por consiguiente, debe empezar por mayúscula.

 —Hola.—La muchacha saludó con la mano—. Qué alegría verte.

En este segundo caso hay que cerrar con un punto o un signo equivalente (signo de interrogación o exclamación de cierre) la primera parte de la intervención.

Todas estas normas están recogidas en el Diccionario Panhispánico de Dudas de la R.A.E., concretamente en el artículo «raya».