lunes, 8 de julio de 2013

Los peligros de la traducción inversa

Hace unas semanas que vengo haciendo mucha traducción inversa. Más que nada, se trata de textos turísticos y de marketing que debo redactar o revisar en español y luego traducir al inglés y al alemán (descripciones turísticas, captaciones para un club de fidelización, emails a clientes, textos de Ley de Protección de Datos, etc.). Soy la única traductora en plantilla y me toca hacerlo, porque, entre otras cosas, para esto se me ha contratado. Sin embargo, yo, como la gran mayoría de mis compañeros traductores, sé que no es lo ideal. En esta entrada, trato de explicar por qué, y va dirigida tanto a no traductores como a traductores muy jóvenes (incluso más que yo) o aún estudiantes de traducción que piensan que con lo que se aprende en la carrera uno puede saltar al mercado laboral de la inversa.

Primero que nada, para quienes no vengan de nuestro mundillo, una explicación muy rápida. Se denomina traducción directa a la que se produce desde una de tus lenguas de trabajo extranjeras (normalmente llamadas Lengua B, Lengua C, etc.) hacia tu lengua materna, la Lengua A. Por el contrario, la traducción que se realiza en la dirección contraria, desde tu propia lengua hacia las lenguas B, C, D, etc., recibe el nombre de traducción inversa. Todo esto puede ir con matices. Por ejemplo, para un alemán que ha vivido toda su vida en España y ha estudiado aquí la carrera, esta diferenciación puede difuminarse. Pero no es mi caso, ni el de la mayoría. No voy a hablar aquí del trabajo de traductores completamente bilingües (si es que existen). Claramente, mi Lengua A es el español, mi Lengua B es el alemán y mi Lengua C, el inglés.


¿Por qué hacer inversa no es deseable y, personalmente, no me llena como sí lo hace una directa?

Las razones son varias y están muy conectadas entre sí. 

En primer lugar, es casi imposible que una traducción inversa quede tan bien como una directa. Digo «casi» porque no quiero pillarme los dedos, pero, a efectos prácticos, creo que sí es imposible. Es error muy común no ya de personas que no son traductoras, sino más bien de quienes tienen escasos o nulos conocimientos en idiomas, pensar que un traductor se desenvuelve igual en una lengua que en otra. No es así. Por supuesto que no. Una de nuestras lenguas de trabajo es nuestro idioma materno; las otras, no, y jamás las usaremos con la misma seguridad, soltura y nivel de conocimiento con el que usamos la nuestra. ¿Tenemos un nivel muy alto? Sí. ¿Las conocemos bien y nos desenvolvemos en ellas sin muchos problemas? Sí. ¿Estamos acostumbrados a trabajar con ellas? Sí. Pero no son ni serán nunca nuestra lengua materna. A lo largo de mi vida me he encontrado muchas veces con una situación parecida: al decir que estudié en un colegio alemán, o que soy traductora-intérprete, una de las respuestas más comunes es: «Entonces tu alemán es perfecto, ¿no?». Gracias por la confianza, pero no. Mi respuesta, invariablemente, es la que sigue: «No, perfecto no. Ni siquiera mi español lo es».

Por esta razón, porque estoy totalmente convencida de que mi traducción inversa por fuerza va a ser defectuosa, no me llena hacerlas. No me gusta hacer trabajos para los que sé de antemano que no estoy 100 % cualificada. Por supuesto que mis traducciones directas probablemente tampoco sean perfectas, pero el margen de error es mucho menor. Lo que me lleva al siguiente punto...

No solo mi lengua materna la hablo y la escribo con más naturalidad y soltura. También he estudiado en muchísima más profundidad cómo funciona. He tenido suerte, pues mis planes de estudios, tanto en el Bachillerato como en la Universidad, han sido muy exigentes con la asignatura de Lengua Española. En el colegio estudiamos en profundidad el análisis sintáctico. En la uni, dedicamos dos horas semanales durante un año completo de mi carrera a estudiar el verbo en español. Parece de chiste, pero no lo es. Nos entregamos otro cuatrimestre entero a tratar la cohesión textual y sus mecanismos. Hicimos diagnosis de textos para descubrir todos los errores que estaban contenidos en ellos y llamarlos por sus nombres. En ambas instituciones se nos llamó la atención una y otra vez sobre todas esas expresiones y usos que son erróneos, pero endiabladamente comunes, como el infinitivo con valor absoluto, «el mismo» como deíctico, «en base a», «en relación a», la estructura «sustantivo + a + infinitivo» y un largo etcétera.

Por mucho alemán e inglés que haya estudiado en mi vida, a este nivel de profundidad no he llegado nunca. Incluso teniendo en cuenta que estudiamos alemán casi como si fuera nuestra lengua materna en los últimos años del colegio o a pesar de haber leído Der Dativ ist dem Genitiv sein Tod (El dardo en la palabra germano, podríamos decir). Claro que no. Me faltaría un larguísimo camino para llegar a un nivel de inglés o alemán siquiera un peldaño por debajo de mi nivel de español.

Entonces, ¿por qué se hacen inversas?


 En el verdadero mercado de la traducción, hacer inversas no es lo habitual. Quien se dedica a la traducción como autónomo y, quiero creer, como trabajador en plantilla de muchas empresas de traducción, hace fundamentalmente o exclusivamente, traducciones directas. Ese es también el caso en las Instituciones Europeas. Durante mis seis meses en Luxemburgo, traduje únicamente textos hacia el español, jamás hacia otro idioma.

 Quizás haya una excepción en el mercado de la traducción jurada, porque estamos cualificados por el Gobierno para hacer nuestras traducciones en ambas direcciones, pero, de resto, en general uno se ciñe a utilizar su Lengua A como Lengua Meta de los encargos que acepta.

 Así ocurre, como digo, en el mercado de la traducción, pero no en el mundo empresarial al completo. Para una empresa que pretende generar textos en varios idiomas (como es el caso del marketing turístico), es mucho más fácil, rentable e incluso rápido tener a alguien en plantilla capaz de hacer esas traducciones, aunque el resultado final no sea tan redondo como lo sería si se contrataran los servicios de un corrector de estilo para los textos en español y de un traductor profesional autónomo para cada uno de los textos en lenguas extranjeras.

 Y así las cosas y después de dejar claro que nuestras traducciones van a tener errores y que probablemente van a estar faltas de la naturalidad que solo tiene un profesional nativo, solo queda dar lo mejor de una misma y poner especial detalle a esos textos redactados en otros idiomas.

 Como siempre me gusta sacar aspectos positivos de todo, no dejaré de comentar que hacer inversa, por el grado de exigencia que supone, implica un mayor acercamiento al idioma, refrescar normas gramaticales medio olvidadas, comprobar continuamente casos y géneros (en el caso del alemán) y acabar navegando por blogs y foros de idiomas como una loca, a veces consultando cuatro veces lo mismo, porque de una vez para otra olvidas cómo funcionaba aquello exactamente o cuál era la palabra ideal para traducir una expresión en particular. Casi, casi, es como estar de vuelta en el cole, redactando textos en inglés y alemán.

 No obstante, si la situación fuera diferente y estuviera trabajando como autónoma, no aceptaría estos encargos. Es un consejo que puede leerse en varios blogs de traducción. Piénsatelo dos veces, porque está en juego tu imagen profesional y que vuelvan a solicitar tus servicios en un futuro.

lunes, 24 de junio de 2013

Persona vs. máquina o por qué no vale con una traducción de Google

Últimamente, la traducción automática me persigue. En el trabajo, me ha tocado revisar bastantes textos traducidos a todas luces con el traductor de Google y medio corregidos con alguien con idea de idiomas. El otro día, se me ocurrió entrar a la página de la Fundación Universitaria de Las Palmas y me encontré, para mi sorpresa, con que tenía versiones en decenas de idiomas... Valga un botón como muestra para hacernos una idea:

(Perdón por el desencuadre de las imágenes, cosas de Blogger, pero si las pongo más pequeñas no se leen.)


Con todos mis respetos para quien decidiera incorporar un traductor automático a la web: ¿qué posibilidades reales hay de que alguien quiera leerla en húngaro, islandés, indonesio, irlandés, javanés o criollo haitiano, por poner algunos ejemplos? ¿En serio es esto necesario? Vale, sí, no cuesta mucho, es simplemente una aplicación que no hace daño a la página... ¿O sí hace daño? A mí me parece que sí, pero claro, yo soy traductora, quizás el resto del mundo piense distinto... Ni siquiera me vale la excusa de hacerlo en deferencia a los Erasmus, porque ni ellos tienen tanto que ver con la Fundación ni vienen de todos los rincones del mundo, solo de Europa.

Mi opinión es que, si se diera el extraño caso de que alguien quisiera consultar la página en estos idiomas, tienen la opción de pasar ellos mismos el traductor de Google. Si a mí llegara a interesarme mucho el contenido de una página en húngaro o hindi, también lo haría, sabiendo de antemano, por supuesto, qué tipo de traducción me voy a encontrar. Por lo menos me valdría para pillar una idea más o menos general del texto... porque para eso, creo, es para lo que más vale la traducción automática.

El otro día paseaba por una de las localidades más turísticas de Gran Canaria cuando vi una gran valla publicitaria en la que se leía, con letras enormes: «Wollen Sie leben hier?». Casi me da un patatús. ¿Así pretenden atraer a los alemanes, dando patadas a los aspectos más básicos de su gramática? A mí, desde luego, no me apetecería mudarme a un lugar que vive del turismo y ni siquiera se esfuerza en escribir correctamente una frase de cuatro palabras en mi idioma.

Sin embargo, la guinda del pastel ha llegado hoy, cuando mi hermana me ha traído el suplemento de un famoso periódico canario para que le echara un vistazo. Se trata de unas páginas sobre el orgullo gay que alguien tuvo la feliz idea de publicar en versión bilingüe. Hasta aquí perfecto, el problema empieza cuando comenzamos a leer la traducción al inglés... Les dejo algunas muestras para que se hagan a la idea. Antes de hacer las fotos, cogí el subrayador amarillo para marcar las zonas que más atención merecían, pero he desistido: todo es igualmente interesante (y triste):




Sí, es nuestro amigo Google, lo he comprobado con algunas frases... pero aparte de eso, que ya es grave, algo le ha pasado al texto por el camino y el proceso no ha sido precisamente para mejor. Si nos fijamos, se han comido un montón de espacios después de las comas, a veces hay trozos de frases metidas en otras o puntos que no deberían estar ahí. O sea, que no nos encontramos solo ante la pésima idea de publicar un suplemento periodístico traducido con Google, sino que además el texto ha sufrido extraños problemas de formato durante la edición del periódico.

¿Soy la única a la que algo así le parece totalmente vergonzoso? El traductor de Google no es un ente maligno: puede ayudarnos, como ya dije más arriba, a pillar la idea general de un texto en un idioma que no entendemos; puede, incluso, si me apuran mucho, mucho, servir para hacer alguna comunicación poco importante y, por supuesto, puede hacernos reír un rato... Pero a mí, visto lo visto, ya no me hace tanta gracia. Porque mucha gente cree de verdad que una traducción de Google es digna de publicarse. ¿En qué mundo estamos? Se trata de un periódico, no de la tienda de la esquina, que ha decidido poner su web en inglés y no puede gastar dinero en contratar a un traductor profesional. ¡Es un periódico importante, con tirada en Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura! Son gente que lleva más de cien años publicando diarios. Periodistas, preocupados, en principio, por escribir en correcto español. ¿No vale el mismo criterio de corrección para otros idiomas? ¿Es que no hay dinero para contratar a un traductor profesional? Pues si no lo hay, señores, no publiquen un suplemento bilingüe. Así no. Publiquen solo en español y quedan como reyes, pero hacer algo así es totalmente contraproducente para la imagen del periódico.

Podría seguir, pero intentaré redirigir mis energías, de forma más fría y sistemática, a reivindicar la importancia de nuestra profesión. Ya no se trata solo de una lucha contra el intrusismo laboral, ahora nos hace competencia una máquina, que es mil veces más rápida y barata que nosotros, sí, pero cuyo trabajo es de una calidad que, por suerte o por desgracia, sigue dejando muchísimo que desear.

Si te ha gustado el artículo o te ha hecho pensar, por favor, compártelo. Me encantaría que esta entrada llegara a mucha gente, y no precisamente solo traductores, que nosotros ya estamos bastante concienciados de la importancia de nuestra labor. Me interesa que llegue a todos aquellos que creen que una traducción automática es válida para algo tan importante como una publicación, sea del tipo de sea: para esos estudiantes que traducen el abstract de su trabajo final de grado con Google (y para esos profesores que exigen a sus alumnos un nivel de inglés que no tienen), para esos publicistas que intentan apelar a los turistas con traducciones automáticas, para los empresarios que recurren a ella para traducir webs, catálogos o menús de restaurantes y, sobre todo, para periodistas insensatos como los que, en la sombra, han protagonizado esta entrada. 

Sigue utilizando el traductor de Google para pequeñas cosas, para ayudarte a entender los emails de aquel antiguo amigo por correspondencia irlandés, para buscar expresiones muy cortitas y sencillas en un idioma nuevo que estás aprendiendo, para darte un empujoncito de inspiración, cuando ya tienes una sólida base del idioma en cuestión, cuando te toca escribir en «extranjero», pero, siempre, siempre, hazlo con cuidado. Si te defiendes en inglés, cualquier muestra puede convencerte del nivel de precaución que es necesario tener. Si no eres bueno con los idiomas... te queda tomar mi palabra, pero te prometo que no miento.

jueves, 13 de junio de 2013

¿Pero de dónde salen esos caracteres tan raros? (II)


Habíamos dejado nuestra historia antes de la invención del alfabeto coreano (perdonen la poca precisión léxica, pues técnicamente no es un alfabeto, pero dejémoslo así).

Al contrario que en el caso japonés, donde, como veíamos en la anterior entrada, los silabarios hiragana y katakana surgieron poco a poco y su uso no se normalizó hasta siglos después de su invención, en Corea todo ocurrió de forma más rápida y ordenada.

Nuestro protagonista de hoy es un antiguo rey llamado Sejong el Grande (1397-1450), uno de esos reyes que ha pasado a la Historia por ser como realmente debe ser un rey: ilustrado, que miraba por el bienestar y la cultura de su pueblo, docto en agricultura, medicina, música, literatura y derecho. Vamos, todo un partido para cualquier país, ¿no?

Ciertamente, los coreanos deben mucho a este antiguo monarca, pues fue él quien, preocupado por el analfabetismo extremo de sus súbditos, fruto no solo de una sociedad feudal, claro, sino también de un sistema de escritura demasiado complejo y, para más inri, ajeno a la propia lengua, decidió crear un sistema de escritura nuevo para su idioma

Así nació, en 1443, el hangeul (한글). ¿Cuántos alfabetos conocemos creados por una única persona, con una fecha de nacimiento clara e inequívoca y que hayan perdurado en el tiempo como el sistema de escritura básico de un pueblo? Probablemente haya más, sí, pero yo no los conozco. Si tú sí, me encantaría que lo comentaras para aprender todos.

Se dice del hangeul que es el sistema de escritura más lógico del mundo. Si esto no es cierto, estará como mínimo en el top tres. Veamos qué se le pasó por la cabeza al rey Sejong cuando se sentó a imaginar un alfabeto sencillo y adecuado a su lengua.

En primer lugar, es conveniente saber que el hangeul se escribe por sílabas, pero no es un silabario. Me explico: en hiragana y katakana, por ejemplo, «ma», «me», «mi», «mo» y «mu» se escriben de formas totalmente distintas: 

ま -  め - み - も -  (valga el hiragana como ejemplo).

En coreano existe una letra para el sonido de la eme y una para cada vocal, como en nuestro abecedario latino. No obstante, es importante estructurarlas formando una sílaba que debe ocupar, cuando escribimos, un cuadradito de espacio, igual que todas las demás sílabas. Aunque en coreano hay más vocales que en español y japonés, uso algunas de ejemplo, correspondientes más o menos a las nuestras, para que se vea lo que quiero decir:

마 - 매 - 미 - 모 

 Como podrás suponer, el cuadradito es la eme y el resto, las vocales. A veces se coloca la consonante a la izquierda y la vocal a la derecha y a veces la consonante arriba y la vocal abajo. También hay sílabas compuestas de tres, cuatro y hasta cinco letritas, por ejemplo, en  (man) se ha colocado la letra ㄴ(n) debajo de las otras dos para formar la sílaba completa y en (mui) se ha puesto la ㅣ(i) al lado de «mu» para crear un diptongo.

 Nunca vamos a encontrar una vocal ni una consonante solas. Esa es una regla de oro cuando se escribe coreano.

  Los componentes básicos del hangeul son catorce consonantes simples y diez vocales simples. A partir de eso se construye todo lo demás, hasta un total de cuarenta letras, entre simples y compuestas. Nada de miles de caracteres, como en chino, nada de dos silabarios de cuarenta y seis caracteres cada uno, como en japonés. Por eso digo que, una vez aprendí a escribir coreano, ya nunca se me olvidó. No es tan difícil memorizar veinticuatro letras, ¿verdad? Al fin y al cabo, nosotros usamos veintisiete. Una vez se dominan los diferentes caracteres y se entiende cómo funciona su colocación en la sílaba, ya todo el trabajo está hecho. Podemos ponernos a leer coreano en alto como locos, aunque no entendamos una palabra.

 Por último, ¿en qué basó el rey Sejong las letras que inventó?

 Por un lado, tenemos las vocales. Estas están todas basadas en tres trazos básicos que representan diferentes elementos cósmicos: el punto (.), que representa el cielo, la raya vertical (ㅣ), el hombre y la raya horizontal (ㅡ), la tierra. A partir de ahí se forman letras como ㅓ, ㅏ, ㅜ y diptongos como ㅕ, ㅑ, ㅠ.

 Por otro lado, para la creación de las consonantes, el antiguo rey se fijó en la colocación que los órganos vocales (boca, labios o lengua) adoptan cuando se pronuncia cada sonido. Podemos echar un vistazo a algunas tablas ilustrativas aquí. A veces hay que echarle imaginación, pero no puede negarse la lógica subyacente, ¿verdad?

Y con esto creo que he cumplido mi objetivo: arrojar un poquito de luz sobre estos tres sistemas de escritura y ayudarnos a todos a distinguirlos fácilmente. No entra en mis planes convertir este blog en un blog de aprendizaje de coreano, pero seguiré dando pinceladitas coreanas y asiáticas con regularidad. Para quien esté más interesado, en la red hay recursos y materiales muy buenos para iniciarse en cualquiera de estos idiomas. Desde luego, hay mucho más de lo que había hace once o doce años, cuando me puse a buscar por primera vez, e incluso en aquella época encontré algunas cosas muy buenas.

lunes, 10 de junio de 2013

¿Pero de dónde salen esos caracteres tan raros? (I)


Siguiendo en la línea de mi entrada anterior, vamos a investigar un poquito en qué se basan las escrituras china, japonesa y coreana y por qué sus caracteres son tan complicados (o no tanto, que ya hemos visto que no son todos igual de complejos).

Obviamente, todos sabemos que en el mundo ha habido muchas civilizaciones, cuyo grado de relación con el resto variaba de muy alto a escaso o nulo, y que fueron desarrollando sus propios idiomas y su propia escritura. Seguro que a la mayoría nos fascinó, cuando éramos pequeños, la escritura jeroglífica de los antiguos egipcios. No voy a meterme en un berenjenal hablando de la escritura egipcia porque es un asunto complicado y que no he estudiado, pero la idea subyacente en este tipo de escritura no difiere mucho de los caracteres chinos: en esencia, se trata de ideogramas (a veces combinados con signos ortográficos) que representan, como su propio nombre indica, ideas en lugar de fonemas, que es a lo que estamos acostumbrados en Occidente y que conforman los sistemas de escritura de la mayor parte del mundo. 

Centrémonos primero en cuáles son los cuatro sistemas de escritura que nos ocupan (entendamos aquí «sistema de escritura» como alfabeto, silabario o conjunto de ideogramas)

1. Los hanzi chinos —llamados kanji en japonés y hanja en coreano y utilizados, en mayor o menor medida, en los tres países (汉字);
2. El silabario japonés hiragana (ひらがな);
3. El silabario japonés katakana (カタカナ);
4. El hangul coreano (한글).

(Escrito cada nombre en los caracteres propios).

De estos cuatro, únicamente los caracteres chinos son ideográficos. Lo demás son solo sistemas de escritura fonológicos, aunque no exactamente iguales que el nuestro, pues no se escribe, como si dijéramos, letra a letra, sino por sílabas.

¿Qué significa esto? Al menos, a priori, los otros tres sistemas son mucho más sencillos de memorizar, de escribir y, en general, de utilizar. Pero no adelantemos acontecimientos.

De todas estas escrituras la china es, con diferencia, la más antigua. De hecho, en sus comienzos los caracteres chinos se parecían más a dibujitos, al estilo egipcio, de lo que lo hacen hoy. Imagino que si los egipcios siguieran escribiendo en jeroglífico, con toda seguridad estos también se habrían simplificado drásticamente (aunque, a nuestros ojos occidentales, los caracteres chinos sigan siendo endiabladamente complicados) hasta convertirse en trazos más fáciles de escribir. Se cree que esta escritura data aproximadamente del siglo XII a. C, lo que implica que, con su lógica evolución, lleva usándose unos tres milenios.

Primitivos caracteres chinos
Caracteres chinos actuales
Cuando nació la escritura china, los japoneses y coreanos, así como otros pueblos de alrededor (por ejemplo, los vietnamitas), no contaban con escritura propia, por lo que adoptaron los caracteres chinos para escribir en sus propias lenguas, cuya pronunciación y gramática tenían y tienen muy poco que ver con la del País del Medio.

Lógicamente, esto genera problemas. Debemos tener en cuenta que la gramática china no se caracteriza precisamente por su complicación. Para nada. Se trata de una gramática tan sencilla que yo suelo calificarla como casi inexistente. Valga como ejemplo que los verbos no tienen desinencia alguna, más que ciertas partículas al final de la frase para indicar, por ejemplo, que se trata de un pasado. No se conjugan, no varían ni un ápice de un uso al otro. Así, usaría siempre el carácter  (aì), que significa «amar» y «amor» , para construir frases como «te amo», «lo amarías», «amábamos a nuestra madre», «el amor es muy bonito», «el amor que siente por ella lo llevará a la ruina», etc. 

Sin embargo, el coreano y el japonés son totalmente diferentes en este aspecto. Ambos cuentan con gramáticas muy complicadas. Si vamos al mismo ejemplo, la cantidad de variaciones que puede sufrir un verbo es abrumadora, pues en estos idiomas (cuyas gramáticas, dicho sea de paso, siempre he considerado asombrosamente parecidas) no solo hay que tener en cuenta aspectos como la persona que habla (aunque el verbo no se conjugue como estamos acostumbrados) o el tiempo verbal, sino también la persona a la que se habla. No digo de la misma manera «estoy cansada» si hablo con mi hermano pequeño que si hablo con mi hermano mayor, con un subordinado o con mi jefe o con un miembro de la aristocracia o de la realeza. Ni siquiera unas simples «gracias» las digo de la misma manera. Este tipo de detalles, que pueden ser un infierno para el estudiante occidental, también hacen de la gramática de estos idiomas algo muy distinto de la del chino.

Entonces, ¿cómo se las apañaban japoneses y coreanos escribiendo en esos caracteres, que pertenecían a otra lengua, todo lo que querían expresar en la suya? Como no podía ser de otra manera, terminaron por darse cuenta de que era inviable. 


Así nacieron en Japón, ya varios siglos entrada nuestra era, los silabarios hiragana y katakana, ambos derivados de los kanji chinos. En un principio, el primero, de letra cursiva, era considerado escritura de mujer y el segundo, de trazos más rectos, de hombre. Con el tiempo, este uso varió y hoy en día se utilizan junto a los kanji en un sistema que mezcla, como vemos, tres tipos de escritura diferentes. Los hiragana ayudan a aportar toda la gramática que los kanji no pueden, mientras que los katakana se utilizan para escribir los préstamos extranjeros no procedentes del chino.

Si quieres echar un rápido vistazo a los dos silabarios, observar cómo quedaría escrito el mismo texto utilizando uno u otro y leer una breve explicación, pincha aquí y aquí.

Hasta aquí, la historia japonesa, pero, ¿qué ocurrió exactamente en Corea? ¿Qué tipo de sistema de escritura surgió y cómo lo hizo? Lo descubriremos en la próxima entrada y les animo a estar atentos; a mí siempre me ha parecido una bonita e interesante historia.

martes, 28 de mayo de 2013

Mira, mamá, un chino... ¿O no?


Como ya he explicado al hablar sobre mí, Asia Oriental es un espacio geográfico y cultural que siempre ha despertado no solo mi interés, sino también mi cariño y mi respeto. 

Fruto de esta ilusión por lo asiático, estuve estudiando chino mandarín durante un año y medio y si lo dejé no fue porque cesara de interesarme, sino porque la profesora que nos daba clase decidió dedicarse a otros asuntos. También he flirteado alguna que otra vez con el japonés: me he aprendido los silabarios hiragana y katakana un par de veces (para volver a olvidarlos luego por falta de uso), he visto anime en versión original subtitulada y, en una ocasión, quise apuntarme a una academia, pero finalmente no pudo ser.

Sin embargo, no tengo dudas de cuál es el idioma asiático al que más cariño profeso, la cultura que más me llama la atención: Corea, los coreanos y su lengua ocupan un lugar importante en mi corazón. Conozco perfectamente la razón: a los doce o trece años me hice muy amiga de aquella timidísima niña coreana que había en mi clase (y que sigue siendo una de mis amigas del alma: 친구, 사랑해!). A partir de ahí, mi interés por su lengua y su cultura no dejó de crecer. Aprendí muy pronto a leer coreano (y, a diferencia de los silabarios japoneses, el hangul coreano no se me ha olvidado jamás), empecé a estudiar el idioma por mi cuenta, preguntando las dudas a mi amiga, practicando un poquito, muerta de vergüenza, con su familia, intentando hacerme entender con su abuela, por teléfono, en mi coreano macarrónico, para luego no pillar absolutamente nada de la respuesta que me daba. Hice un poquito de inmersión cultural con la comunidad coreana de Las Palmas (de las más importantes de España, gracias a nuestro puerto) e investigué sobre cultura, fiestas, tradiciones, etc.

Hace mucho tiempo que no toco ni el coreano, ni el chino, ni mucho menos el japonés, pero la idea siempre está ahí, at the back of my mind, como dicen los angloparlantes. El otro día, pensando sobre posibles entradas para el blog, me di cuenta de que tenía muchas ganas y muchas razones para hablar sobre el Asia Oriental, sus lenguas y culturas y, en especial, sobre Corea y el coreano. Las ganas no hace falta que las explique. ¿Las razones? Me sirve a mí para refrescar conocimientos y, quién sabe, tal vez volver a empezar a caminar en esa dirección; les sirve a ustedes también, para conocer aspectos básicos de una lengua que no suele tener demasiada difusión y, sobre todo (este es mi objetivo primario) para, al menos distinguir entre un idioma y otro, entre una cultura y otra e, incluso, entre unas personas y otras (es posible, no miento).

¿Por qué digo esto? Siempre me ha molestado el hecho de que, en España, en general, Asia es China. A veces, muy de vez en cuando, Japón. Pero ya está, para de contar: Corea no existe, Tailandia no existe, Indonesia no existe y podría seguir así un rato. Si alguien ve un asiático por la calle, ha visto un chino; si alguien se alisa el pelo para que le dure seis meses, se ha hecho un alisado chino (yo misma me alisé el pelo dos veces y los que me lo hicieron y sus productos eran coreanos, no chinos), y si alguien ve caracteres extraños en la puerta de un pequeño mercado, por supuesto, es chino.

Esta claro que exagero. Y menos mal. Hay mucha gente a la que también le interesan estos países. En especial, Japón y su idioma tienen muchos fans, esa gente a la que le gusta leer manga y ver anime, o, al menos, comer sushi, maki y tempura. En el ámbito gastronómico, es cierto que solemos saber distinguir entre comida japonesa y china, aunque pocas veces tengamos en cuenta que la mayoría de los restaurantes japoneses están regentados por chinos y coreanos.

Opino, en fin, que hay una laguna cultural muy grande. Es cierto, son países que nos quedan muy lejos, pero eso, hoy en día, no es una excusa. Por otro lado, no puedo pedir que a todo el mundo le interese ser correctos y precisos al definir culturas, países y personas. Sin embargo, nosotros somos traductores, a nosotros sí debería importarnos, y mucho. No se nos ocurriría confundir Austria con Alemania, Canadá con Estados Unidos, Irlanda con Inglaterra (parejas de países que incluso hablan el mismo idioma), pero sí nos descuidamos a veces pensando en Latinoamérica como un todo homogéneo (nada más lejos de la realidad), en África como dos partes homogéneas (la África árabe del norte y la África negra del sur), en la extinta Europa del Este como el bloque que ya no es... o en Asia Oriental como una China más enorme aún de lo que realmente es, ese gigante asiático que amenaza con comernos a todos en un futuro no muy lejano.

Como ya me ha quedado una entrada muy larga, pero no quiero despedirme sin dejar nada de chicha, dejo aquí, para echarles un vistazo ahora y desgranarlas otro día, unas pequeñas muestras de idiomas asiáticos por escrito. Para muchos habrá poca novedad en esto, pero creo que es importante empezar por el principio y dejar claros algunos conceptos. 

Chino mandarín. Caracteres pictográficos.

Japonés. Hay algunos caracteres "al estilo chino" ahí dentro,
pero no todos, ¿verdad? Curiosa mezcla que tiene su razón de ser.

Coreano. Se ve a la legua que es totalmente diferente
y muchísimo más sencillo. Ya veremos por qué.

Tailandés. Sé muy poco de este idioma, pero siempre
me ha encantado su escritura. Mucho más florida que
las demás, como vemos. Visto esto, la posibilidad de confusión
es nula.



Es fácil darse cuenta de que, a poquito que uno se esfuerce mínimamente, distinguir, al menos, el idioma en el que un texto está escrito no es nada complicado. ¿A que no?

Seguiremos en la próxima entrada explicando un poco estas diferencias y desvelando misterios.

Hasta entonces, 안녕히계세요!

¿Qué idioma ha sido? Si solo ves cuadritos... es hora de ir añadiendo idiomas al ordenador :D