domingo, 6 de abril de 2014

¿Caminamos en espiral o en línea recta?: Dos sistemas educativos en contraste

El objetivo de la entrada de hoy es comparar los dos sistemas educativos de los que he podido formar parte durante mi vida estudiantil y ahora, también, de profesora. La oportunidad de haber conocido a fondo tanto el sistema español como el alemán me permite contrastar sus virtudes y sus defectos, y tengo que decir que no tengo en absoluto ninguna duda sobre por cuál me decanto.

Por un lado, está el asunto de los itinerarios y del momento en el que uno decide por dónde quiere encaminarse. Alemania ha tenido tradicionalmente una educación más segregadora, donde los alumnos eligen (o elegían, pues parece que este sistema está en retroceso) muy pronto si querían ir a la universidad o hacer una formación profesional. No daré mi opinión sobre este asunto, porque en realidad quiero hablar hoy de algo diferente, pero solo subrayo una diferencia clave entre ambos países a este respecto: en Alemania, hacer una FP está muy bien visto en la sociedad, no se considera un fracaso, una solución para quien «no vale lo suficiente como para sacar unos estudios universitarios», como sí parece que ocurre en España, donde el afán por el prestigio social insta a optar por el camino universitario.

No obstante, sobre lo que quiero llamar la atención hoy es la forma, distinta entre un país y otro, de estructurar los temarios y de abordar los contenidos.

Vamos con la estructuración. En España, como sabemos, se cree en los temarios «en espiral». ¿Qué quiere decir esto? Que si estoy estudiando varios años una asignatura, voy a estudiar una vez, y otra, y otra, y otra más, cada tema. Cada año voy a ver casi «un poquito de todo», supuestamente con un pelín más de profundidad que el año anterior. A veces dejo un lapsus de dos años. Vale, un año hacemos análisis morfológico en Lengua y al otro, análisis sintáctico. Al tercero volveremos al morfológico. Venga, en Sociales, un curso Geografía, al otro Historia, después volvemos a la Geografía, y luego de nuevo a la Historia. En Inglés... ¡ay, en Inglés! Apuesto un brazo a que empezaremos el curso presentándonos y repasando el verbo to be. ¿Y lo acabaremos habiendo aprendido más que en el anterior? Ojalá, pero la realidad es que los alumnos terminan la Secundaria solo con un A2 alto, después de un mínimo de diez años estudiando el idioma. ¿A alguien más le parece raro?

¿Es malo repasar algo que ya se ha dado? No. De hecho, es necesario. Pero basar nuestro sistema educativo en esta premisa no me parece nada adecuado. Además, una de los consecuencias de tal decisión es que tengamos que seguir programaciones demasiado amplias y ambiciosas, solo para que los alumnos estudien todos los temas por encima y, al próximo curso, no recuerden más que los mínimos más básicos.

Los alemanes trabajan de forma diferente. Sus temarios son lineales. Ellos entienden que cuando un alumno ha estudiado bien algo, no hace falta seguirlo repitiendo curso tras curso. Esto implica, claro está, estudiar cada tema con mayor profundidad y, lógicamente, reducir el temario anual. Ejemplos sencillos: en el colegio no empezamos a analizar oraciones compuestas en Lengua hasta Bachillerato, no empezamos con las ecuaciones antes de 2º de la E.S.O en Matemáticas, dimos Geografía hasta 1º de la E.S.O. y a partir de ahí empezamos con la Historia, desde la Prehistoria hasta la actualidad. Además, mis profesores se las arreglaban para que, mientras estudiaba el Renacimiento en Historia, lo estuviera dando también en Lengua y Literatura e incluso en Educación Plástica (Arte, como la llaman en Alemania). Muchas veces utilizábamos un mismo libro de texto durante dos años, o durante un año y pico, y no pasaba nada. No había por qué terminar el libro de texto sí o sí en junio, habiendo pasado por todos los temas como un vendaval y sin recordar casi nada en septiembre.

No obstante, las diferencias no se limitan a la estructuración del temario, sino también a la forma de abordar nuevos contenidos. Puesto que en el colegio teníamos asignaturas en español y en alemán, las distinciones entre ambos estilos educativos quedaban muy claras. Mientras en Matemáticas en español había que aprenderse toda una lista de derivadas de memoria, en las Matemáticas en alemán introducían siempre los temas a partir de la lógica que había detrás de ellos, de manera que entendíamos cómo se calculaba una derivada y éramos capaces de calcular cualquiera que nos pusieran delante. No nos explicaban el nuevo tema sin más, nos hacían pensar para que llegáramos nosotros mismos a la conclusión que daba paso al nuevo tema. ¿De qué forma podemos avanzar más rápido? Por supuesto, de la primera. ¿Pero cuál es la que nos proporciona conocimientos y capacidades que perdurarán con mayor facilidad? La segunda.

Otro ejemplo: mientras en los últimos cursos en Lengua Española estudiábamos toda la historia de nuestra literatura (y que conste que me encanta el estudio de la literatura, disfrutaba estudiándolo y disfruto enseñándolo), en Alemán leíamos solo algunos libros, de los que luego hacíamos comentarios de texto, o analizábamos anuncios de periódico o poemas. En dos años, dimos siete temas. Solo siete. Impensable en España, ¿verdad?

Decía al principio de la entrada que no dudo con qué sistema me quedo. Es cierto. Prefiero los temarios lineales alemanes y su forma de presentar el contenido nuevo, a través de la lógica y la razón, además del tiempo que se emplea en profundizar bien en lo que se aprende. Lo prefiero antes que la locura de impartir (o estudiar) un larguísimo temario que picotea con información de mil temas distintos sin tiempo material para profundizar en ninguno. Prefiero que el alumno entienda lo que está haciendo y se le den herramientas para «buscarse la vida» en caso de necesidad, a que solo se le exija aprender de memoria contenidos que luego «vomitará» en el examen y, acto seguido, olvidará.

Sin embargo, rompo una lanza también a favor de ciertos aspectos de nuestro propio sistema educativo. Creo que es positivo ejercitar la memoria, por ejemplo. Lo interesante es que eso que hayamos aprendido de memoria tengamos que comprenderlo y aplicarlo para poder superar una prueba. También creo que los alemanes pecan a veces de un exceso de práctica y una falta de teoría, sobre todo en el estudio de su propia lengua,  cuya gramática, morfología y sintaxis suelen estudiar muy poco. 

Como siempre, en este caso lo ideal siempre sería aprender de lo que los demás tienen que ofrecernos sin renunciar a las cosas que buenas que ya tenemos. Sin embargo, para ello lo primero es conocer otros sistemas, y esta falta generalizada de conocimiento es precisamente la que me ha animado a escribir esta entrada. Que quede claro que en todo momento escribo desde mi propia experiencia como estudiante en un sistema alemán y por lo que sé de este de forma general. No pretendo sentar cátedra.








sábado, 22 de febrero de 2014

Nueve razones para irte de Erasmus


Después de todos estos meses metida hasta las cejas en la docencia (y aquí sigo) me he planteado escribir una entrada diferente que no tenga nada que ver. Para ello, voy a rememorar mis experiencias en el extranjero y, especialmente, la primera: mi año Erasmus.

Siempre he dicho que para un estudiante de TeI, irse de Erasmus debería ser prácticamente algo obligatorio. Pero, claro, hoy en día, con las reducciones de las becas, ¿cómo voy a atreverme a decir algo así? Lo que sí puedo es alzar la voz para reivindicar el acceso a una experiencia que, estoy convencida, ayuda a construir Europa mucho más que la mayoría de las sesiones plenarias de Estrasburgo.

Dejando a un lado el aspecto económico (intentémoslo al menos por un ratito): ¿por qué un estudiante de Traducción e Interpretación debería hacer todo lo posible por irse de Erasmus?

1. Porque el inglés (alemán, francés, italiano...) de mi libro de texto es mucho más aburrido que el de la vida real. ¿Les cuento un secreto? No me gustaban mucho las clases de idiomas en el cole. Las de Lengua sí, pero las de Alemán e Inglés, no. ¿Por qué? Porque me parecía que estaba estudiando idiomas artificiales, acartonados, no veía naturalidad alguna en los textos de los libros ni en las audiciones que escuchábamos. Esto ocurre sobre todo en los primeros niveles, cuando se trabaja con pocos textos o discursos auténticos en el aula. Se empieza a atisbar la esencia del idioma extranjero a través de series, películas o novelas. Sin embargo, la forma óptima de entrar en contacto con esta esencia es cuando se practica una inmersión total en el país extranjero.

2. Porque aprenderás una barbaridad de inglés (alemán, francés, italiano...) incluso aunque vayas con un nivel muy alto. Creo que para notar una gran mejoría durante el año Erasmus, es ideal un nivel de partida entre un A2 alto y un B2 bajito. No obstante, esto no quiere decir que si uno va a un país del cual ya posee un nivel superior, no vaya a aprender aún así muchísimo vocabulario, además de adquirir soltura y abrir los oídos a distintos acentos e incluso dialectos. Fue lo que me pasó a mí en Viena. Mi nivel de partida de alemán era muy alto, pero decidí irme a Austria, donde se habla un alemán un poco diferente, y aprendí muchísimo. Al principio me costó hacer el oído a los acentos austriacos, pero poco a poco fui mejorando y ahora siento que tengo un bagaje mayor del idioma alemán que si hubiera pasado aquellos meses en un lugar donde se hablara alemán estándar.

3. Porque no entenderás un idioma sin conocer su cultura ni entenderás una cultura sin conocer el país. Vale, exagero, puedo conseguir un bagaje cultural enorme de un país en concreto solo poniéndome a estudiar, ¿pero es lo mismo que pisar el país, visitar sus monumentos, charlar con sus gentes, experimentar personalmente las consecuencias de su trayectoria histórica? Yo creo que no.

4. Porque merece la pena aprender a vivir solos. El año Erasmus, no vamos a engañar a nadie, suele ser un año light en cuanto a los estudios, precisamente porque hay que dar también importancia y conceder tiempo a otro tipo de experiencias (sociales, culturales, etc.) y, si las cosas son como tienen que ser y tenemos nuestra beca, tampoco tendremos que preocuparnos de forma exagerada por el dinero. En un contexto así, da gusto independizarse. No siempre, claro, también están los momentos complicados, pero estos forman parte de la experiencia igual que los buenos y puede que hasta aprendamos más cosas de ellos.

5. Porque optimizarás la relación con tu familia. Esto puede sonar raro, pero creo que no lo es. La distancia tiene muchas consecuencias: una de ellas, que aprenderás a depender menos emocional o psíquicamente de las personas de las que sueles estar rodeado en tu ciudad natal; otra, por el contrario, que querrás a esas personas muchísimo más cuando tengas la oportunidad de volver a verlas. Por otro lado, la vuelta a casa después de un Erasmus suele ser siempre agridulce y durante las primeras semanas, habremos aprendido a contemplar nuestra vida familiar desde fuera, dándonos mayor cuenta de los puntos fuertes y de los débiles. Lástima que la rutina nos haga desaprender todo otra vez.

6. Porque podrás cursar asignaturas que no se ofertan en tu facultad. Esta es otra gran ventaja. Yo, en concreto, cursé tres optativas en Viena que no se ofertaban en la ULPGC. Como Erasmus, puedes elegir lo que te dé la gana y nadie te va a dejar fuera de una clase (así era, al menos, en mi época). Si vas a un país en el que se hable un idioma poco común, podrás aprenderlo y convalidarlo por una Lengua D.

7. Porque conocerás un montón de gente y un montón de lugares. Cuando se es Erasmus, normalmente se hacen amigos Erasmus, es decir, amigos de muchos países distintos, lo cual supone una riqueza cultural enorme, incluso si luego no mantienes con ellos tanto contacto como querrías. Además, lo normal cuando uno está de Erasmus es viajar, y mucho. Seguro que nunca olvidarás los lugares que visitaste durante tu Erasmus.

8. Porque lucirá de maravilla en tu CV. En el CV de un traductor, desde luego, pero en el de cualquier otra persona, también. A los empleadores les gusta contratar a gente que es capaz de decidir irse a vivir en el extranjero, de desenvolverse en un entorno extraño y de utilizar otro idioma.

9. Porque solo tendrás esta oportunidad una vez en la vida. A menos que estudies otra carrera :-P


Estas son solo algunas razones que se me han ocurrido sobre la marcha. ¿Añadirías más a la lista? 

¡Seguro que sí! Y a ti, estudiante en duda, solo puedo decirte: ¿a qué esperas?



domingo, 19 de enero de 2014

A vueltas con el Traductor de Google... Perjuicios para jóvenes estudiantes


Hace ya unos meses hablé de los peligros de la traducción automática. En aquella ocasión, me quejaba de la (infeliz) idea de un renombrado periódico canario de sacar un suplemento bilingüe traducido con Google. Ahora, vuelvo a dar un toque de atención, pero esta vez originado desde mi otra profesión, la docencia.

Todo surgió con una conversación que tuve con mis alumnos de mi 1º de la E.S.O. mientras estudiábamos en clase de Lengua el uso del diccionario. No recuerdo ya cómo salió el Traductor de Google en el debate, lo que sí recuerdo bien es que terminé poco menos que espantada. Hasta entonces no me había planteado las nefastas consecuencias que un uso inmaduro e infantil (estos alumnos tienen doce o trece años) de esta herramienta puede tener en el aprendizaje de una lengua extranjera.

Se me ocurrió preguntar cuántos utilizaban el Traductor de Google para hacer las redacciones que les mandaban en clase de inglés. Unos dos tercios de los alumnos levantaron la mano. Yo también las levanté... para llevármelas a la cabeza.  Intenté hacerles ver los peligros de fiarse a pies juntillas de esta herramienta informática, de no desarrollar ellos mismos su propia destreza escritora, pero, sinceramente, estoy muy poco segura de mi éxito.

Más tarde hablé con la profesora de inglés, para comentarle que había tratado el asunto con los alumnos, por si acaso le molestaba. Me contestó que, al contrario, me agradecía que también yo hubiera insistido en ello. Obviamente, las redacciones que ella les manda (para las que les da tiempo más que de sobra), son el resultado de las estructuras y la gramática aprendidas en la unidad que acaban de dar. Es decir, siempre hay un modelo que seguir casi al pie de la letra. Vamos, lo normal, lo mismo que nos decían en el Máster, lo mismo que hago yo con mis alumnos de los ciclos formativos.

Es lógico que, cuando uno tiene un nivel aún muy bajito de un idioma extranjero, le surjan mil cosas que querría escribir en una redacción, pero para cuya expresión no se tienen las herramientas necesarias. Repito continuamente a mis alumnos de ciclos (que son en inglés lo que se conoce como false beginners y, además, adultos o casi) que, a menos que estén totalmente seguros de que lo que van a escribir está bien, se ciñan a las estructuras y el vocabulario sencillos que hemos visto en clase hasta la fecha. Buscar alguna palabra en el diccionario está bien, aunque entraña peligros (por aquello de las acepciones), igual que tampoco está mal buscar expresiones muy sencillas en el Traductor de Google, pero de ahí a escribir la redacción completa para que la traduzca... 

¿Cómo hacer entender que hay que intentar pensar directamente en la lengua extranjera? ¿O es que hará tanto tiempo que no soy principiante en inglés que no recuerdo que yo también lo hacía?

En cualquier caso, el culmen de aquel debate con los niños de mi tutoría fue sin duda el momento en el que una de las niñas más buenas y responsables de la clase, sentada en primer fija, preguntó en voz bajita, como para sí misma: «Entonces, ¿de dónde saco la redacción?». 

(...)

Sin palabras.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Echando la vista atrás: repaso del 2013


No voy a ser original con esta entrada, porque hacer revisión del año cuando está a punto de terminar es algo muy común. Sin embargo, sí es la primera vez que lo hago yo en este blog, que empecé hace ya un año y cuatro meses. Me voy a extender un poquito más allá del plano laboral, aunque no suelo hablar mucho de mi vida privada en el blog.


Calendario 2013 de un vistazo

- Enero a marzo: sigo como becaria del Parlamento Europeo en Luxemburgo, haciendo la prolongación de tres meses que me ofrecieron.

- Abril y mayo: ya de vuelta en Las Palmas, busco trabajo (que encuentro bastante rápido) y aprovecho las semanas de desempleo para prepararme el CPE, presentarme y aprobarlo, además de dar clases particulares y hacer con Trágora Formación el curso Fiscalidad, contabilidad y gestión comercial para traductores.

- Junio a agosto: trabajo durante tres meses en el departamento de márketing de una joven cadena hotelera canaria, haciendo mucha traducción inversa de textos turísticos y de otros tipos, además de trabajitos de otra índole.

- Septiembre a diciembre: imparto clases de lengua, inglés y refuerzo educativo en un centro concertado de mi ciudad a alumnos de secundaria, PCE y ciclos formativos de grado medio.


Aspectos positivos del 2013

- He trabajado. En el plano laboral, el 2013 ha sido sin duda un año muy positivo para mí. Ya habiendo tenido la experiencia de seis meses de desempleo cuando terminé la carrera, temía que me ocurriera lo mismo al acabar el máster, pero por suerte conseguí la tan ansiada beca en Luxemburgo y, casi a renglón seguido, los trabajos como traductora y profesora. 

- He tenido la oportunidad de probar mis dos pasiones. Lo he dicho por activa y por pasiva: me encanta traducir y me encanta dar clase. Tengo la enorme suerte de haber podido trabajar en ambas profesiones, contrastarlas y saber por dónde quiero que vaya mi futuro laboral.

- He hecho una segunda experiencia de vida en el extranjero. Creo que las estancias en el extranjero son un medio maravilloso e inigualable para madurar, abrir la mente, hacer nuevos amigos y conocer otros lugares y otras formas de pensar. Mi beca de seis meses en Luxemburgo fue mi segunda experiencia de vida en el extranjero (la primera, el Erasmus en Viena).

- He vuelto a mi voluntariado. Quienes me conocen saben que he trabajado durante años como animadora de jóvenes de forma voluntaria. Después de un parón de casi un año y medio, volví el pasado abril a ocupar mi tiempo con esta labor tan preciosa y que tanto me aporta, rodeada, además, de gente maravillosa.

- Tengo una fantástica relación de pareja. Hace años que la tengo, pero estoy más contenta que nunca y, aunque no recomiendo a nadie la distancia, al final hemos salido mucho más maduros y más reforzados.

- He regresado a Taizé. Muchos no lo conocerán, pero yo tengo que decirlo. Taizé es un lugar mágico. Llevaba cinco años deseando volver y el verano pasado, por fin, cumplí mi deseo.



Aspectos negativos del 2013

- He descuidado el blog en los últimos meses. Desde que empecé como profesora, he escrito mucho menos y he navegado también menos por otros blogs de traducción.

- He leído poco. Siempre he sido una lectora empedernida, pero hace unos años que he bajado el ritmo y no me gusta. Quiero aumentar mi grado de lectura, tanto de novelas como de libros de no ficción.

- No he mantenido un buen ritmo de deporte. Me fue bastante bien durante el verano, pero desde que empecé en el colegio lo dejé casi por completo y no puede ser. 

- No me he parado todo lo que habría querido. Me gusta meditar, pararme, tomar distancia... Muchas veces me dejo llevar por el frenético ritmo del día a día y no le doy la importancia que tendría que darle.

- He sufrido una pérdida muy importante. Es lo que ha traído diciembre y no puedo dejar de nombrarlo. Que descanses, papá.




Mis propósitos para el año que viene se desprenden de casi todo lo que he escrito en los aspectos negativos, además de:

- Conducir (!),
- Viajar lo que pueda,
- Pasar mucho tiempo con mi familia,
- Seguir formándome,
- Independizarme,
- Y, sobre todo, madurar y disfrutar.


Les deseo a todos un muy feliz año 2014. 
Y que trabajemos mucho por nuestros propósitos, que solos no se van a cumplir.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Enfrentando pasiones: traducción vs. docencia







VS




Muy buenas tardes.

Como habrán podido comprobar, he estado inexcusablemente inactiva en este blog en las últimas semanas (meses). De verdad que lo siento, pero el trabajo me ha absorbido casi por completo y, cuando me pongo a escribir una entrada, prefiero que sea con tiempo y ganas para ofrecer algo de calidad. Aprovechemos, por tanto, estas magníficas vacaciones de Navidad, una de las ventajas de ser profesora... Y precisamente sobre esto mismo trata esta entrada: voy a intentar enfrentar, con sus pros y sus contras, dos profesiones (y pasiones) que llenan mis días y que me llenan a mí como persona.

Huelga decir que no pretendo sentar cátedra, ni siquiera tomar una decisión clara y que esta entrada no refleja más que mi visión personal.

Todas las ventajas y desventajas que exponga serán siempre en comparación con la otra profesión de la que hablo, es decir, que podría ponerme a comparar la traducción con la cocina y saldrían pros y contras muy diferentes.

VENTAJAS DE LA TRADUCCIÓN - DESVENTAJAS DE LA DOCENCIA
  • Comodidad. Por supuesto, es mucho más sencillo trabajar frente a un ordenador que frente a treinta adolescentes. Tanto si es en oficina como en casa, un mal día puede pasar mucho más desapercibido, no vas a tener que lidiar con personas de carne y hueso. Como mucho, algún que otro cliente, hacer trámites administrativos, etc.

  • Flexibilidad. En relación con el punto anterior, la traducción, y sobre todo cuando se es autónomo, es un trabajo muy flexible. A menos que esté totalmente pillada por un plazo demasiado corto, siempre podré acomodar el trabajo a mis circunstancias. Si, por ejemplo, me da un fuerte dolor de cabeza, puedo descansar un rato y retomarlo más tarde. Si tengo un día "tonto", quizás puedo ponerme a actualizar mi web, mis redes, mi CV, etc, en vez de hacer una traducción complicada (siempre y cuando, repito, lo permitan los plazos).
  • Siempre estoy aprendiendo cosas nuevas. Dando clases también, está claro. Sin embargo, voy más bien al nivel cultural que me voy forjando con mi trabajo. Las asignaturas que imparto este año en el colegio no son de un nivel muy complicado (Lengua de 1º de la E.S.O., Inglés inicial para adultos...). Aunque me prepare las clases, todas las cosas que doy las conozco, no hay nada nuevo. Traduciendo es diferente. Cada texto me enseña siempre cosas nuevas de ámbitos en los que quizás jamás me había parado siquiera a pensar. Y como yo soy muy curiosa, siempre me ha gustado mucho el trabajo de documentación dentro de la labor de traductora. Si no hubiera trabajado en el Parlamento, por ejemplo, ¿qué sabría yo del gas de esquisto, de la cultura croata o de los impuestos de matriculación de vehículos en Europa? Menos, seguro. Quizás nada.

  • Juego con la lengua en todas sus dimensiones. Si soy traductora es porque me fascinan los idiomas, tanto el mío propio como los extranjeros. Cuando traduzco, necesito muchísimos más conocimientos y muchas más habilidades para moldear la lengua de los que me hacen falta dando clase. No demanda lo mismo de mí intentar que mis alumnos comprendan qué es un sustantivo (que puede ser más complicado de lo que parece) o que sean capaces de representar una conversación sencilla en inglés, que ponerme a traducir un texto complicado, por ejemplo, uno literario, con juegos de palabras, donde las connotaciones cobran protagonismo... vamos, el tipo de texto que me realiza como traductora.
VENTAJAS DE LA DOCENCIA- DESVENTAJAS DE LA TRADUCCIÓN

  • Dimensión social. Para mí, esta es sin duda la diferencia que más me hace decantarme por la docencia. Me encanta trabajar con personas, aunque demande mucho más de mí y me queme y me canse más que la pantalla del ordenador. Adoro estar en el colegio y que esté lleno de gente, tanto alumnos (míos y ajenos), como todos mis compañeros profesores. Agradezco profundamente esto. Si trabajara de autónoma, sin duda echaría muy en falta las relaciones sociales. Y como traductora en plantilla, aunque tendría compañeros, seguiría echando de menos que mi trabajo estuviera dirigido de manera directa a otras personas. Que sí, que cuando traduzco un texto es porque alguien va a leer mi traducción, pero no es para nada el mismo caso, el mismo tipo de relación.
  • Fin último. No sabía cómo denominar este apartado. El mayor objetivo de la docencia en centros escolares es educar jóvenes. De forma paralela está la trasmisión de conocimientos, o, más bien, el servir de guía a los niños y jóvenes para que construyan su aprendizaje. Me parece un objetivo precioso. Cuando traduzco, cada texto puede tener metas totalmente diferentes: hacer publicidad, entretener al lector, dejar claras unas instrucciones de uso, etc. También puede ser educar o enseñar, pero no tiene por qué. Lo cierto es que no me llena traducir cierto tipo de textos dependiendo del fin que haya detrás.
  • El regalo de ver frutos. El momento en el que ves cómo un niño que no lograba hacer algo por fin lo hace bien, cuando ves que los alumnos son capaces de aplicar cosas que han aprendido varias semanas atrás porque ya las han incorporado a su subconsciente... es impagable. Los frutos de una profesión como la docencia no se recogen de hoy para mañana. A veces ni siquiera llegamos a verlos. Pero están ahí. Esos jóvenes están madurando y tú eres un referente para ellos. Es una tremenda responsabilidad, pero, si se consigue hacer bien, la satisfacción del trabajo bien hecho será infinita.
  • Sueldo fijo a fin de mes. No podía acabar sin resaltarlo, aunque sea una ventaja mucho más banal que las otras que he nombrado. No obstante, yo siempre he sido de las personas que buscan estabilidad y, en ese sentido, saber cuánto dinero voy a cobrar y cuándo es un alivio para mí. Admiro mucho a los emprendedores y sobre todo a los que consiguen sacar a flote un negocio contra viento y marea, pero, si es posible, prefiero la seguridad de un contrato.

Aquí lo dejo. Personalmente, me encantaría poder compaginar ambas profesiones en un futuro, como ya he dicho alguna vez. Veamos que nos depara el futuro.