Ayer fue mi último día de trabajo en el Parlamento (sí, ayer Jueves Santo) y mañana cojo ya el avión de vuelta a Canarias y doy carpetazo a esta gran aventura luxemburguesa. Toca, por lo tanto, hacer un balance de esta experiencia y rescatar todo aquello que he vivido y aprendido (o aquellas cosas que pueda identificar, pues la experiencia adquirida muchas veces es imposible de delimitar y definir).

Sin embargo, aunque sentía la necesidad de decir esto, voy a centrarme ahora en aquello en lo que debería: la experiencia como becaria de traducción en el Parlamento Europeo.

Además, estos seis meses me han dado la oportunidad de participar en un programa de formación muy completo:
- en formaciones sobre Workbench y bases de datos útiles,
- en dos visitas de trabajo a Bruselas y a Estrasburgo,
- en visitas a otras instituciones y agencias europeas,
- en cursos de idiomas voluntarios y gratuitos entre becarios (gracias, Sónia, por iniciarme en una lengua tan bonita como tu portugués nativo y gracias, Catherine, por ayudarme a refrescar un poco mi olvidado francés),
- en charlas de terminología y en cuatro proyectos terminológicos,
- en otras conferencias y formaciones de carácter optativo.

En cuanto a este último punto, destaco sin duda haber podido asistir a la serie de cursos denominada Transface (Translating Statistical, Financial, Accounting and Economic terminolog from English for non-experts), en los que, de la mano del fantástico y recién jubilado João Gomes, nos hemos adentrado un poquito en ese para mí tan confuso campo de las finanzas y hemos entendido algo mejor cómo se mueve el mundo y, por supuesto, como traducirlo. Con él aprendí a tener en cuenta cuándo hay que traducir «fiscal» por «presupuestario» o que hay que tener muy presente si traducimos sobre contabilidad nacional o privada porque gran cantidad de terminología varía de un caso a otro.
En cuanto a la labor de traducción propiamente dicha, he traducido en estos meses, sin duda, muchísimo más que durante toda la carrera. El hecho de enfrentarme a traducciones diversas cinco días a la semana, ocho horas al día, con plazos a veces más amplios y a veces más cortos, ha contribuido por fuerza a aumentar considerablemente mi rapidez, mi eficacia, mi capacidad de documentación y la calidad de mis traducciones. Solo espero, por favor, que no se haya llevado también consigo alguna dioptría más, que no estoy como para seguir perdiéndolas a lo tonto.
Termino con una batería de cositas puntuales que me vienen a la mente:
- He salido más confundida de lo que he entrado en cuanto al uso de las mayúsculas en ciertos casos, sobre todo en cuanto a cargos.
- Las construcciones del estilo «es por ello por lo que» son un galicismo que debe evitarse.
- Hay que prestar atención a los adverbios acabados en -mente para no abusar de ellos. De hecho, hay quien los tiene totalmente (ejem) desterrados. Yo no veo la necesidad de llegar a ese extremo.
- La Comisión y el Consejo «adoptan», mientras que el Parlamento «aprueba».
- Aquí, en general, se tiende a la parquedad de comas más que a abusar de ellas. A mi juicio, a veces se suprimen con demasiada ligereza.
- Hablando de puntuación: cada vez me convenzo más de que, en general, la gente no sabe puntuar. Los textos originales (y debo decir que sobre todo los franceses) eran un verdadero desastre en cuanto a puntuación. Creo que en otras lenguas faltan normas más claras y mejor explicadas.
- Debe buscarse, a mi juicio, un sano equilibrio entre palabras y verbos muy comunes, como «hacer», «dar» o «decir», y sus primos hermanos «de alto standing» como «elaborar», «conferir» o «argumentar». Vamos, que ni hay que utilizar continuamente estos verbos más, si queremos, «baúles», ni mucho menos hay que desterrarlos y sustituirlos siempre sin piedad por otras palabras más largas y refinadas, que en determinados casos quedan ridículas o incluso son incorrectas.
Esto no es más que una ínfima parte. Hay que sumar a estos elementos todo ese batiburrillo impreciso de experiencia y saberes que comentaba al principio. En cualquier caso, mi balance es descaradamente positivo.
Ahora, una nueva aventura comienza para mí. Les invito a acompañarme hacia este incierto pero emocionante futuro.
Ahora, una nueva aventura comienza para mí. Les invito a acompañarme hacia este incierto pero emocionante futuro.