lunes, 30 de diciembre de 2013

Echando la vista atrás: repaso del 2013


No voy a ser original con esta entrada, porque hacer revisión del año cuando está a punto de terminar es algo muy común. Sin embargo, sí es la primera vez que lo hago yo en este blog, que empecé hace ya un año y cuatro meses. Me voy a extender un poquito más allá del plano laboral, aunque no suelo hablar mucho de mi vida privada en el blog.


Calendario 2013 de un vistazo

- Enero a marzo: sigo como becaria del Parlamento Europeo en Luxemburgo, haciendo la prolongación de tres meses que me ofrecieron.

- Abril y mayo: ya de vuelta en Las Palmas, busco trabajo (que encuentro bastante rápido) y aprovecho las semanas de desempleo para prepararme el CPE, presentarme y aprobarlo, además de dar clases particulares y hacer con Trágora Formación el curso Fiscalidad, contabilidad y gestión comercial para traductores.

- Junio a agosto: trabajo durante tres meses en el departamento de márketing de una joven cadena hotelera canaria, haciendo mucha traducción inversa de textos turísticos y de otros tipos, además de trabajitos de otra índole.

- Septiembre a diciembre: imparto clases de lengua, inglés y refuerzo educativo en un centro concertado de mi ciudad a alumnos de secundaria, PCE y ciclos formativos de grado medio.


Aspectos positivos del 2013

- He trabajado. En el plano laboral, el 2013 ha sido sin duda un año muy positivo para mí. Ya habiendo tenido la experiencia de seis meses de desempleo cuando terminé la carrera, temía que me ocurriera lo mismo al acabar el máster, pero por suerte conseguí la tan ansiada beca en Luxemburgo y, casi a renglón seguido, los trabajos como traductora y profesora. 

- He tenido la oportunidad de probar mis dos pasiones. Lo he dicho por activa y por pasiva: me encanta traducir y me encanta dar clase. Tengo la enorme suerte de haber podido trabajar en ambas profesiones, contrastarlas y saber por dónde quiero que vaya mi futuro laboral.

- He hecho una segunda experiencia de vida en el extranjero. Creo que las estancias en el extranjero son un medio maravilloso e inigualable para madurar, abrir la mente, hacer nuevos amigos y conocer otros lugares y otras formas de pensar. Mi beca de seis meses en Luxemburgo fue mi segunda experiencia de vida en el extranjero (la primera, el Erasmus en Viena).

- He vuelto a mi voluntariado. Quienes me conocen saben que he trabajado durante años como animadora de jóvenes de forma voluntaria. Después de un parón de casi un año y medio, volví el pasado abril a ocupar mi tiempo con esta labor tan preciosa y que tanto me aporta, rodeada, además, de gente maravillosa.

- Tengo una fantástica relación de pareja. Hace años que la tengo, pero estoy más contenta que nunca y, aunque no recomiendo a nadie la distancia, al final hemos salido mucho más maduros y más reforzados.

- He regresado a Taizé. Muchos no lo conocerán, pero yo tengo que decirlo. Taizé es un lugar mágico. Llevaba cinco años deseando volver y el verano pasado, por fin, cumplí mi deseo.



Aspectos negativos del 2013

- He descuidado el blog en los últimos meses. Desde que empecé como profesora, he escrito mucho menos y he navegado también menos por otros blogs de traducción.

- He leído poco. Siempre he sido una lectora empedernida, pero hace unos años que he bajado el ritmo y no me gusta. Quiero aumentar mi grado de lectura, tanto de novelas como de libros de no ficción.

- No he mantenido un buen ritmo de deporte. Me fue bastante bien durante el verano, pero desde que empecé en el colegio lo dejé casi por completo y no puede ser. 

- No me he parado todo lo que habría querido. Me gusta meditar, pararme, tomar distancia... Muchas veces me dejo llevar por el frenético ritmo del día a día y no le doy la importancia que tendría que darle.

- He sufrido una pérdida muy importante. Es lo que ha traído diciembre y no puedo dejar de nombrarlo. Que descanses, papá.




Mis propósitos para el año que viene se desprenden de casi todo lo que he escrito en los aspectos negativos, además de:

- Conducir (!),
- Viajar lo que pueda,
- Pasar mucho tiempo con mi familia,
- Seguir formándome,
- Independizarme,
- Y, sobre todo, madurar y disfrutar.


Les deseo a todos un muy feliz año 2014. 
Y que trabajemos mucho por nuestros propósitos, que solos no se van a cumplir.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Enfrentando pasiones: traducción vs. docencia







VS




Muy buenas tardes.

Como habrán podido comprobar, he estado inexcusablemente inactiva en este blog en las últimas semanas (meses). De verdad que lo siento, pero el trabajo me ha absorbido casi por completo y, cuando me pongo a escribir una entrada, prefiero que sea con tiempo y ganas para ofrecer algo de calidad. Aprovechemos, por tanto, estas magníficas vacaciones de Navidad, una de las ventajas de ser profesora... Y precisamente sobre esto mismo trata esta entrada: voy a intentar enfrentar, con sus pros y sus contras, dos profesiones (y pasiones) que llenan mis días y que me llenan a mí como persona.

Huelga decir que no pretendo sentar cátedra, ni siquiera tomar una decisión clara y que esta entrada no refleja más que mi visión personal.

Todas las ventajas y desventajas que exponga serán siempre en comparación con la otra profesión de la que hablo, es decir, que podría ponerme a comparar la traducción con la cocina y saldrían pros y contras muy diferentes.

VENTAJAS DE LA TRADUCCIÓN - DESVENTAJAS DE LA DOCENCIA
  • Comodidad. Por supuesto, es mucho más sencillo trabajar frente a un ordenador que frente a treinta adolescentes. Tanto si es en oficina como en casa, un mal día puede pasar mucho más desapercibido, no vas a tener que lidiar con personas de carne y hueso. Como mucho, algún que otro cliente, hacer trámites administrativos, etc.

  • Flexibilidad. En relación con el punto anterior, la traducción, y sobre todo cuando se es autónomo, es un trabajo muy flexible. A menos que esté totalmente pillada por un plazo demasiado corto, siempre podré acomodar el trabajo a mis circunstancias. Si, por ejemplo, me da un fuerte dolor de cabeza, puedo descansar un rato y retomarlo más tarde. Si tengo un día "tonto", quizás puedo ponerme a actualizar mi web, mis redes, mi CV, etc, en vez de hacer una traducción complicada (siempre y cuando, repito, lo permitan los plazos).
  • Siempre estoy aprendiendo cosas nuevas. Dando clases también, está claro. Sin embargo, voy más bien al nivel cultural que me voy forjando con mi trabajo. Las asignaturas que imparto este año en el colegio no son de un nivel muy complicado (Lengua de 1º de la E.S.O., Inglés inicial para adultos...). Aunque me prepare las clases, todas las cosas que doy las conozco, no hay nada nuevo. Traduciendo es diferente. Cada texto me enseña siempre cosas nuevas de ámbitos en los que quizás jamás me había parado siquiera a pensar. Y como yo soy muy curiosa, siempre me ha gustado mucho el trabajo de documentación dentro de la labor de traductora. Si no hubiera trabajado en el Parlamento, por ejemplo, ¿qué sabría yo del gas de esquisto, de la cultura croata o de los impuestos de matriculación de vehículos en Europa? Menos, seguro. Quizás nada.

  • Juego con la lengua en todas sus dimensiones. Si soy traductora es porque me fascinan los idiomas, tanto el mío propio como los extranjeros. Cuando traduzco, necesito muchísimos más conocimientos y muchas más habilidades para moldear la lengua de los que me hacen falta dando clase. No demanda lo mismo de mí intentar que mis alumnos comprendan qué es un sustantivo (que puede ser más complicado de lo que parece) o que sean capaces de representar una conversación sencilla en inglés, que ponerme a traducir un texto complicado, por ejemplo, uno literario, con juegos de palabras, donde las connotaciones cobran protagonismo... vamos, el tipo de texto que me realiza como traductora.
VENTAJAS DE LA DOCENCIA- DESVENTAJAS DE LA TRADUCCIÓN

  • Dimensión social. Para mí, esta es sin duda la diferencia que más me hace decantarme por la docencia. Me encanta trabajar con personas, aunque demande mucho más de mí y me queme y me canse más que la pantalla del ordenador. Adoro estar en el colegio y que esté lleno de gente, tanto alumnos (míos y ajenos), como todos mis compañeros profesores. Agradezco profundamente esto. Si trabajara de autónoma, sin duda echaría muy en falta las relaciones sociales. Y como traductora en plantilla, aunque tendría compañeros, seguiría echando de menos que mi trabajo estuviera dirigido de manera directa a otras personas. Que sí, que cuando traduzco un texto es porque alguien va a leer mi traducción, pero no es para nada el mismo caso, el mismo tipo de relación.
  • Fin último. No sabía cómo denominar este apartado. El mayor objetivo de la docencia en centros escolares es educar jóvenes. De forma paralela está la trasmisión de conocimientos, o, más bien, el servir de guía a los niños y jóvenes para que construyan su aprendizaje. Me parece un objetivo precioso. Cuando traduzco, cada texto puede tener metas totalmente diferentes: hacer publicidad, entretener al lector, dejar claras unas instrucciones de uso, etc. También puede ser educar o enseñar, pero no tiene por qué. Lo cierto es que no me llena traducir cierto tipo de textos dependiendo del fin que haya detrás.
  • El regalo de ver frutos. El momento en el que ves cómo un niño que no lograba hacer algo por fin lo hace bien, cuando ves que los alumnos son capaces de aplicar cosas que han aprendido varias semanas atrás porque ya las han incorporado a su subconsciente... es impagable. Los frutos de una profesión como la docencia no se recogen de hoy para mañana. A veces ni siquiera llegamos a verlos. Pero están ahí. Esos jóvenes están madurando y tú eres un referente para ellos. Es una tremenda responsabilidad, pero, si se consigue hacer bien, la satisfacción del trabajo bien hecho será infinita.
  • Sueldo fijo a fin de mes. No podía acabar sin resaltarlo, aunque sea una ventaja mucho más banal que las otras que he nombrado. No obstante, yo siempre he sido de las personas que buscan estabilidad y, en ese sentido, saber cuánto dinero voy a cobrar y cuándo es un alivio para mí. Admiro mucho a los emprendedores y sobre todo a los que consiguen sacar a flote un negocio contra viento y marea, pero, si es posible, prefiero la seguridad de un contrato.

Aquí lo dejo. Personalmente, me encantaría poder compaginar ambas profesiones en un futuro, como ya he dicho alguna vez. Veamos que nos depara el futuro.

jueves, 24 de octubre de 2013

Las cualidades de una traductora, al servicio de la docencia


Quienes me siguen y me conocen saben ya que actualmente estoy trabajando como profesora y que la docencia es, junto a la traducción, una de mis grandes pasiones(profesionales).

Ciertamente, se trata de dos trabajos muy diferentes que, en principio, no tendríamos por qué relacionar. De hecho, ya he comentado que en un futuro escribiré contrastando ambas profesiones. Sin embargo, este artículo va por otro lado. En vez de poner de manifiesto las diferencias entre estas dos labores, voy a analizar, siempre desde mi punto de vista, qué cualidades de las que se presuponen en un traductor son también útiles a la hora de dar clase.

En primer lugar, me gustaría recalcar la CURIOSIDAD INTELECTUAL

La profesión del traductor requiere sin duda una gran curiosidad intelectual, ya que estamos continuamente documentándonos y aprendiendo muchas cosas nuevas. Es uno de los aspectos de esta profesión que más me han gustado siempre. Pues bien, ser buen docente (y sobre todo cuando uno es principiante) implica también ser curioso. No importa que los temarios que impartamos sean de un nivel mucho más básico que el que nosotros mismos tenemos. De todas formas, hay que llevar la lección mejor estudiada a clase que cualquiera de nuestros alumnos. Por supuesto, hay que extender esta curiosidad a otros ámbitos para seguir formándonos como docentes, como la pedagogía, la psicología, la aplicación de las TIC en el aula, las nuevas corrientes educativas, etc.

Por otro lado, en las dos profesiones cobra importancia la HUMILDAD

Probablemente no se trate de una cualidad que relacionemos de forma automática con ninguna de las dos profesiones, pero yo creo que es vital para ambas. Se ha hablado mucho en blogs de traducción sobre la humildad como virtud indispensable del traductor. Hay que saber aceptar los errores y aprender de ellos. En cuanto al ámbito de la docencia, me da la sensación de que la humildad ha empezado a valorarse de forma general solo en las últimas décadas. Antes, se consideraba que el profesor tenía la razón y punto. Y si no la tenía... pues los alumnos se callaban la boca y hacían caso, de todas maneras, a lo que el profesor decía. ¡Cuántas veces no hemos preguntado algo a un profesor y nos ha salido por peteneras para no admitir que no sabía la respuesta a nuestra pregunta! Una vez, mientras estudiaba el Máster de Formación del Profesorado, nos plantearon: «¿Qué pasa si, en clase de inglés, un alumno te pregunta una palabra que no conoces?». Sinceramente, creo que no hay ningún drama en admitir que no sabemos lo que se nos está preguntando; en buscar la palabra en el diccionario, en este caso.

No viene mal, tampoco, una cierta dosis de PERFECCIONISMO.

Aquí me meto en terreno peligroso, porque el perfeccionismo excesivo nunca será bueno. Sin embargo, seguro que la mayoría coincidimos en que, en traducción, es fundamental una dosis moderadamente alta de esta ¿cualidad? Si tuviéramos todo el tiempo del mundo, miraríamos y remiraríamos todas nuestras traducciones y, aun sin disponer de tanto tiempo, sabemos que, al menos, debemos releer nuestra traducción una o dos veces y, si es posible, dejarla reposar antes. Como profesor, el perfeccionismo puede ser un arma de doble filo. ¿Cuánta perfección exigimos a los alumnos? Por supuesto, hay que echar el freno en algún punto. No se puede exigir a un chico de doce años lo mismo que a un adulto. El otro día estaba hablando de las dificultades de los alumnos para redactar bien. Ante eso, ¿qué hace el profesor? ¿Cuánto les exige? ¿Se queda en lo mínimo o intenta que los estudiantes lleguen un poco más lejos? Creo que, sabiendo moderarlo de forma adecuada, el perfeccionismo en la docencia puede ser, tambien, una virtud.

No puedo terminar sin olvidarme de la PACIENCIA.

Cualidad del buen docente por antonomasia, la paciencia es también importante en la traducción. Si no nos frenáramos cada vez que nuestro instinto nos indica que podemos estar ante un juego de palabras, una frase hecha o una alusión cultural, si no empleáramos tiempo y ganas en hilvanar con gracia y corrección esas frases que se nos atragantan, no seríamos buenos traductores.


Sin duda, me dejo en el tintero más cualidades comunes a ambas profesiones. No he querido incluir el gusto por el uso de las nuevas tecnologías, aunque también lo considero importante, porque se desvía un poco de la línea de las demás, que son virtudes más que capacidades.

¿Se te ocurre a ti algo más? 

sábado, 19 de octubre de 2013

¿Cuál es el secreto para redactar bien?


Tengo que reconocer que esta entrada ha cambiado a medida que la escribía y ahora, una vez finalizada, he vuelto al principio porque lo que había escrito no tenía sentido con el resto del texto. Y como estamos hablando de redactar correctamente, hagamos las cosas bien y no atentemos contra la coherencia textual.

Cuando empecé a escribir esta entrada, lo hice con la idea de que la pregunta que le da nombre no tenía una respuesta clara. Sin embargo, tratando de responder (redactando, en fin), me he dado cuenta de que creo que, después de todo, sí la tiene.

Antes que nada, ¿por qué esta entrada? Las semanas que llevo dando clase me han servido para corroborar una teoría: que uno de los mayores problemas de los alumnos (y también de los que ya no son alumnos de nada) es la redacción. ¡Y cómo me gustaría asistir a una mejora en esta destreza durante el curso! ¡Pero qué complicado es ayudar a que esta se produzca!

Se oye mucho hablar, a raíz de informes de Pisa y similares, del déficit en comprensión lectora. En mi opinión, la producción escrita es igual de importante que la comprensión y es, para más inri, una destreza que parece requerir mucho tiempo, trabajo y práctica. Además, creo que el desarrollo de ambas va de la mano. Por desgracia, no es algo fácil enseñar. No se trata de un conocimiento que se adquiere o no. En este caso, el alumno no se enfrenta a unos conceptos teóricos que estudia gracias a su memoria, sino al reto de, simplemente, escribir.

¿Cuál es, en mi opinión, el secreto para mejorar la destreza en redacción, tengamos la edad que tengamos?

Estoy convencida de que aprender a escribir pasa por leer. Y mucho, mucho, mucho. Todo tipo de textos. Igual que es posible cocinar un plato sin haberlo comido antes, es también posible redactar, digamos, un resumen, sin haber leído nunca ninguno. Pero, ¿cómo sabemos que el plato sabe como tiene que saber? ¿Cómo sabemos que el resumen tiene la estructura, el léxico y el contenido que debería tener? No me canso de repetir a mis alumnos la importancia de leer habitualmente. Las diferencias en destreza redactora entre quienes lo hacen y quienes no es abismal. 

Tumbados en el sofá disfrutando de una novela estamos aprendiendo muchísimo más de lo que creemos. Nuestro cerebro está adquiriendo agilidad lectora, lógica, memoria, está asimilando estructuras gramaticales, normas ortográficas, expresiones y usos poco conocidos, reglas de acentuación, etc., y eso sin contar lo que el libro pueda estar aportándonos en cuanto a conocimiento del mundo. ¡Y que nos lo estamos pasando bien!

Después de la lectura viene todo lo demás. Por supuesto, es necesario aprender las características de cada texto, estudiar las normas ortográficas de nuestro idioma, entender y aplicar la gramática, utilizar un léxico adecuado, tener en cuenta la coherencia y la cohesión, etc y, sobre todo, practicar, practicar y practicar. Pero nada de esto es posible sin el bagaje que nos da la lectura como práctica habitual.

Siempre se ha dicho que a traducir se aprende traduciendo. Cierto. A escribir se aprende escribiendo. Pero también leyendo. Quien se dedique únicamente a leer puede ser que no aprenda a escribir, pero está claro que quien no lee, sin duda, no escribirá jamás.

Ahora que la entrada me ha ayudado a llegar a la respuesta que buscaba, lo suyo es ponerla en práctica en el aula, lo cual tampoco es sencillo. No es factible forzar el placer por la lectura a nadie, aunque sí podemos buscar vías de motivación como, por ejemplo, no imponer una novela en concreto sino dejar elegir al alumno.

Por otro lado, a la hora de trabajar un tipo de texto determinado (me viene a la cabeza el resumen, porque es con lo que estamos en clase ahora mismo) siempre será de gran utilidad dotar a los alumnos de modelos que imitar. Lo hacemos continuamente en lengua extranjera. Creo que tiene también sentido hacerlo en la propia.


lunes, 23 de septiembre de 2013

Pequeño cambio de rumbo

¡Buenas noches!

Si me disculpan, esta vez escribiré una entrada un poquito más personal y, por consiguiente, un poco menos «profesional». Habrán comprobado que hace semanas que tengo este blog y las redes, digamos, menos cuidados. Aseguro que han estado todo este tiempo, como dicen los anglosajones, «at the back of my mind». Sin embargo, además de ciertas cuestiones personales que también están reclamando mi tiempo, mi vida profesional ha dado un giro este mes que se verá, por supuesto, reflejado en mis publicaciones en este blog.

En la cabecera del blog me defino como «traductora, intérprete, docente y lo que traiga el futuro» (y una carita tonta, sí). Hasta ahora, he venido desarrollando, más que nada, mi cara traductora. Pues bien, el futuro (en este caso ya pasado) ha traído algo nuevo: a partir de comienzos de este mes me he incorporado al claustro de profesores de un colegio donde imparto refuerzo educativo, inglés y lengua en Educación Secundaria, PCE y ciclos formativos. 

Se trata de una nueva aventura que me hacía muchísima ilusión y que ya me está haciendo feliz. Más de una vez comentaba, en todos mis meses traduciendo en el Parlamento Europeo y, más adelante, trabajando en el marketing de la cadena hotelera en la que estuve contratada este verano, que, después de haber probado la traducción a tiempo completo, me apetecía mucho también probar la docencia a tiempo completo. Sin duda, son dos de mis grandes pasiones y creo que sería muy feliz compaginando ambas en mi vida. Sin embargo, primero hay que ir pasito a pasito y ahora se me ha presentado esta magnífica oportunidad no solo de transmitir conocimientos, sino de educar jóvenes, algo a lo que he dedicado en los últimos años también una parte de mi tiempo libre y que ahora se convierte en profesión.

Aún es muy pronto, pero dentro de algunos meses, cuando ya tenga el rodaje y la experiencia necesarios, publicaré con seguridad una entrada en la que he venido pensando casi desde los albores de este blog: una comparación, desde mi personal punto de vista, de estas dos profesiones tan distintas, y que, no obstante, muchos de nosotros compartimos, pues los idiomas nos abren las puertas a ambas.

De momento pido un poco de paciencia. Cualquiera que haya dado clase sabrá el trabajo, no solo en el centro educativo sino en casa, que esta profesión conlleva. Este, por si fuera poco, se multiplica cuando una es totalmente principiante.

No dejaré en este blog, por supuesto, de hablar de traducción. Al contrario, los contenidos sobre traducción estarán siempre ahí. Además, se nutrirá de la riqueza que brinda una nueva perspectiva y una nueva experiencia personal. Soy de las que opinan que las mejores entradas de blog suelen surgir de la experiencia. Estoy segura de que este curso me brindará innumerables experiencias nuevas, frescas e interesantes que compartir y de las que aprender.

lunes, 19 de agosto de 2013

Tendencias lingüísticas que me aterran

Todos sabemos que la lengua es un ser vivo en continua evolución y, con seguridad, usos que para nosotros hoy son normales parecerían ajenos o extraños cuando empezaron a extenderse. Sin embargo, hay casos y casos. Hay evoluciones que parecen lógicas y otras no lo son tanto. Un ejemplo claro es la dicotomía entre anglicismos necesarios (por ejemplo, todos los que vienen a definir realidades nuevas como email, hacker, router, etc.) y los innecesarios, como cool, hiking, shopping y un largo etcétera.

Hoy quiero hablar de tres tendencias que me preocupan sobremanera. Las dos primeras son usos erróneos, sancionados por la RAE, pero que se están extendiendo como la pólvora (no olvidemos que, en la actualidad, gracias a los medios de comunicación, la velocidad de propagación y la incidencia de estos usos para el oído o los ojos humanos es potencialmente mayor que en los siglos pasados), la última es solamente la pérdida progresiva de un regionalismo que debería estar más que arraigado.

Empecemos por ese asunto que puede dar que hablar páginas y páginas: la especificación del género femenino cada vez que se quiere abarcar con un plural a ambos sexos«Los alumnos y las alumnas», «los niños y las niñas», «los padres y las madres»... No hace falta que explique, creo, que la RAE está totalmente en contra de este uso, porque el género masculino es el elemento no marcado de la oposición masculino-femenino, lo que implica que subsume al otro. Por si acaso (las negritas son mías):

2.1. En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexosEl hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos«Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramáticalas y los ciudadanos.

Creo que está muy claro que este uso no tiene ningún sentido. Además, hace que el discurso se vuelva tedioso y, en la gran mayoría de los casos, inconsistente, pues es prácticamente imposible mantener este uso siempre y en todo momento durante la totalidad del discurso. En mi caso, cada vez que me toca leer o escuchar algo así, termino totalmente distraída tratando de cazar todas las equivocaciones del hablante o escritor (o mejor dicho, las únicas veces en que es correcto). 

Por otro lado, no puede dejar de resultarme muy curioso que muchos de los que se empeñan en hablar de esta manera, por supuesta corrección política, sean hombres que creen que las mujeres nos sentimos marginadas si no se hace alusión directa a nuestro sexo (sexo, que no género, que es solo un término gramatical). Se lo agradezco, pero nada más lejos de la realidad, al menos con la mayoría de las mujeres que conozco. En serio, la mayoría estamos deseando que el hablante deje de prestar atención a tonterías como esta para brindársela al discurso en sí y a lo que importa de este.

¿Qué me preocupa? Me preocupa que cada vez el uso está más extendido, que ya no solo está en boca de políticos, sino también de gente de a pie en conversaciones de a pie. Por favor, no. Pero lo que más, más me preocupa (me aterra, casi) es que me están acostumbrando tanto a él que ya prácticamente si escucho «los padres» me pregunto si las madres están incluidas o no. Y no me da la gana de preguntármelo. No y no. 

Por cierto, me niego a hablar del uso de la arroba, que ni siquiera es un símbolo lingüístico. No sé, quizás si alguien se propone marcar tendencia cambiando las oes por ceros, al final todos terminemos como borreguitos haciendo lo mismo.


Vamos con el segundo uso incorrecto que está empezando a quitarme el sueño. En este caso, se trata de la utilización de «el mismo» como pronombre con valor anafórico. De nuevo, la RAE lo explicará mejor:

3. El adjetivo mismo puede sustantivarse, manteniendo los sentidos de identidad y de igualdad o semejanza que le son propios: «Sus ideas reformistas solo cambian de posición, pero son las mismas» (Vitier Sol [Cuba 1975]). A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de mismo como mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales; así, en «Criticó al término de la asamblea las irregularidades que se habían producido durante el desarrollo de la misma» (País [Esp.] 1.6.85), pudo haberse dicho durante el desarrollo de esta o durante su desarrollo; en «Serían citados en la misma delegación a efecto de ampliar declaraciones y ratificar las mismas» (Excélsior[Méx.] 21.1.97), debería haberse dicho simplemente ratificarlas; en «El que su acción fuera efímera, innecesaria, no resta a la misma su significado» (Abc [Esp.] 29.9.74), hubiera sido mejor no le resta su significado. A menudo, su simple supresión no provoca pérdida alguna de contenido; así, en «Este año llegaremos a un billón en exportaciones, pero el 70 por ciento de las mismas se centra en el mercado europeo» (Razón [Esp.] 18.12.01), pudo decirse, simplemente, el 70 por ciento se centra...
¿Qué es lo que pasa? Que del lenguaje administrativo y periodístico que nombra la RAE y que  es, ciertamente, donde este uso empezó, se está extendiendo a otros muchos registros y ámbitos. Aún no lo escucho, por suerte, en conversaciones de andar por casa, pero sí que se está inmiscuyendo cada vez con más fuerza en el ámbito literario (como mínimo, en la literatura traducida, que es donde noto que me está persiguiendo últimamente). ¿Pero y por qué lo usan? Es feo y, como dice la RAE, en la mayoría de los casos, completa y absolutamente innecesario. ¿No es mucho más sencillo y bonito utilizar un pronombre personal de toda la vida? Claro, es más sencillo, pero parece que no tan chic (lo siento, anglicismo innecesario). Y así vamos, porque la tendencia general es que, por querer hablar fino y elegante, terminamos plagando los discursos de incorrecciones absurdas, molestas y aburridas como esta.


Paso al último ejemplo. Este caso  no es tan grave, porque por suerte su extensión aún se restringe a ciertos ámbitos, pero igualmente me preocupa. Como es sabido, en Canarias, al igual que en América y que en algunas zonas de Andalucía, utilizamos la forma formal de segunda persona del plural, «ustedes», con su respectiva conjugación de tercera persona: «ustedes comen», «vengan aquí», etc. Es parte de la quintaesencia de nuestro pueblo canario. En boca de nuestros mayores jamás oirás un «vosotros», ni tampoco en boca de muchos canarios. 

Sin embargo, hay cierta tendencia, muy actual, a utilizar «vosotros» en algunos casos. A veces, en discursos, porque se piensa que es más formal (una concepción falsa). Hay gente que jamás usaría «vosotros» al hablar, pero que sí lo escribe, por ejemplo, en un email. Otras veces, cuando se cree inconscientemente que el uso de «ustedes» puede resultar confuso. Por ejemplo, un hombre que habla con una mujer y quiere decirle algo como «las mujeres sois demasiado sentimentales». En español peninsular el sentido está muy claro. Sin embargo, en español canario puede parecer que falta algún énfasis, porque si se dice «las mujeres son demasiado sentimentales», podría dar la sensación de que se habla de las mujeres en tercera persona y no en segunda. Pero son cosas que no cuesta nada arreglar. Un simple «ustedes, las mujeres, son demasiado sentimentales» lo dejaría todo claro.

Por supuestísimo, quiero dejar claro que no tengo absolutamente ningún problema con el uso del pronombre «vosotros» en labios de todas aquellas personas a las que este uso les es propio, tanto si viven en la España peninsular como si viven en Canarias. Lo que sí me molesta es que un canario de toda la vida, sin padres peninsulares, sin haber vivido la infancia en la Península, simplemente porque le parece que suena mejor, utilice esta forma que nunca ha sido parte de la llamada «habla canaria». A pesar de vivir en un mundo globalizado, considero que es muy importante conservar también nuestras tradiciones y nuestras particularidades, o terminaremos perdiendo todo lo que caracteriza a cada pueblo para convertirnos en una enorme aldea global donde un chino no se distinga de un peruano ni de un islandés.

Hasta aquí por hoy. Ojalá pueda leer dentro de unos años esta entrada y ver que mis temores no se han cumplido y estas tendencias han caído en desuso, pero cada vez me cuesta más ser optimista.




lunes, 8 de julio de 2013

Los peligros de la traducción inversa

Hace unas semanas que vengo haciendo mucha traducción inversa. Más que nada, se trata de textos turísticos y de marketing que debo redactar o revisar en español y luego traducir al inglés y al alemán (descripciones turísticas, captaciones para un club de fidelización, emails a clientes, textos de Ley de Protección de Datos, etc.). Soy la única traductora en plantilla y me toca hacerlo, porque, entre otras cosas, para esto se me ha contratado. Sin embargo, yo, como la gran mayoría de mis compañeros traductores, sé que no es lo ideal. En esta entrada, trato de explicar por qué, y va dirigida tanto a no traductores como a traductores muy jóvenes (incluso más que yo) o aún estudiantes de traducción que piensan que con lo que se aprende en la carrera uno puede saltar al mercado laboral de la inversa.

Primero que nada, para quienes no vengan de nuestro mundillo, una explicación muy rápida. Se denomina traducción directa a la que se produce desde una de tus lenguas de trabajo extranjeras (normalmente llamadas Lengua B, Lengua C, etc.) hacia tu lengua materna, la Lengua A. Por el contrario, la traducción que se realiza en la dirección contraria, desde tu propia lengua hacia las lenguas B, C, D, etc., recibe el nombre de traducción inversa. Todo esto puede ir con matices. Por ejemplo, para un alemán que ha vivido toda su vida en España y ha estudiado aquí la carrera, esta diferenciación puede difuminarse. Pero no es mi caso, ni el de la mayoría. No voy a hablar aquí del trabajo de traductores completamente bilingües (si es que existen). Claramente, mi Lengua A es el español, mi Lengua B es el alemán y mi Lengua C, el inglés.


¿Por qué hacer inversa no es deseable y, personalmente, no me llena como sí lo hace una directa?

Las razones son varias y están muy conectadas entre sí. 

En primer lugar, es casi imposible que una traducción inversa quede tan bien como una directa. Digo «casi» porque no quiero pillarme los dedos, pero, a efectos prácticos, creo que sí es imposible. Es error muy común no ya de personas que no son traductoras, sino más bien de quienes tienen escasos o nulos conocimientos en idiomas, pensar que un traductor se desenvuelve igual en una lengua que en otra. No es así. Por supuesto que no. Una de nuestras lenguas de trabajo es nuestro idioma materno; las otras, no, y jamás las usaremos con la misma seguridad, soltura y nivel de conocimiento con el que usamos la nuestra. ¿Tenemos un nivel muy alto? Sí. ¿Las conocemos bien y nos desenvolvemos en ellas sin muchos problemas? Sí. ¿Estamos acostumbrados a trabajar con ellas? Sí. Pero no son ni serán nunca nuestra lengua materna. A lo largo de mi vida me he encontrado muchas veces con una situación parecida: al decir que estudié en un colegio alemán, o que soy traductora-intérprete, una de las respuestas más comunes es: «Entonces tu alemán es perfecto, ¿no?». Gracias por la confianza, pero no. Mi respuesta, invariablemente, es la que sigue: «No, perfecto no. Ni siquiera mi español lo es».

Por esta razón, porque estoy totalmente convencida de que mi traducción inversa por fuerza va a ser defectuosa, no me llena hacerlas. No me gusta hacer trabajos para los que sé de antemano que no estoy 100 % cualificada. Por supuesto que mis traducciones directas probablemente tampoco sean perfectas, pero el margen de error es mucho menor. Lo que me lleva al siguiente punto...

No solo mi lengua materna la hablo y la escribo con más naturalidad y soltura. También he estudiado en muchísima más profundidad cómo funciona. He tenido suerte, pues mis planes de estudios, tanto en el Bachillerato como en la Universidad, han sido muy exigentes con la asignatura de Lengua Española. En el colegio estudiamos en profundidad el análisis sintáctico. En la uni, dedicamos dos horas semanales durante un año completo de mi carrera a estudiar el verbo en español. Parece de chiste, pero no lo es. Nos entregamos otro cuatrimestre entero a tratar la cohesión textual y sus mecanismos. Hicimos diagnosis de textos para descubrir todos los errores que estaban contenidos en ellos y llamarlos por sus nombres. En ambas instituciones se nos llamó la atención una y otra vez sobre todas esas expresiones y usos que son erróneos, pero endiabladamente comunes, como el infinitivo con valor absoluto, «el mismo» como deíctico, «en base a», «en relación a», la estructura «sustantivo + a + infinitivo» y un largo etcétera.

Por mucho alemán e inglés que haya estudiado en mi vida, a este nivel de profundidad no he llegado nunca. Incluso teniendo en cuenta que estudiamos alemán casi como si fuera nuestra lengua materna en los últimos años del colegio o a pesar de haber leído Der Dativ ist dem Genitiv sein Tod (El dardo en la palabra germano, podríamos decir). Claro que no. Me faltaría un larguísimo camino para llegar a un nivel de inglés o alemán siquiera un peldaño por debajo de mi nivel de español.

Entonces, ¿por qué se hacen inversas?


 En el verdadero mercado de la traducción, hacer inversas no es lo habitual. Quien se dedica a la traducción como autónomo y, quiero creer, como trabajador en plantilla de muchas empresas de traducción, hace fundamentalmente o exclusivamente, traducciones directas. Ese es también el caso en las Instituciones Europeas. Durante mis seis meses en Luxemburgo, traduje únicamente textos hacia el español, jamás hacia otro idioma.

 Quizás haya una excepción en el mercado de la traducción jurada, porque estamos cualificados por el Gobierno para hacer nuestras traducciones en ambas direcciones, pero, de resto, en general uno se ciñe a utilizar su Lengua A como Lengua Meta de los encargos que acepta.

 Así ocurre, como digo, en el mercado de la traducción, pero no en el mundo empresarial al completo. Para una empresa que pretende generar textos en varios idiomas (como es el caso del marketing turístico), es mucho más fácil, rentable e incluso rápido tener a alguien en plantilla capaz de hacer esas traducciones, aunque el resultado final no sea tan redondo como lo sería si se contrataran los servicios de un corrector de estilo para los textos en español y de un traductor profesional autónomo para cada uno de los textos en lenguas extranjeras.

 Y así las cosas y después de dejar claro que nuestras traducciones van a tener errores y que probablemente van a estar faltas de la naturalidad que solo tiene un profesional nativo, solo queda dar lo mejor de una misma y poner especial detalle a esos textos redactados en otros idiomas.

 Como siempre me gusta sacar aspectos positivos de todo, no dejaré de comentar que hacer inversa, por el grado de exigencia que supone, implica un mayor acercamiento al idioma, refrescar normas gramaticales medio olvidadas, comprobar continuamente casos y géneros (en el caso del alemán) y acabar navegando por blogs y foros de idiomas como una loca, a veces consultando cuatro veces lo mismo, porque de una vez para otra olvidas cómo funcionaba aquello exactamente o cuál era la palabra ideal para traducir una expresión en particular. Casi, casi, es como estar de vuelta en el cole, redactando textos en inglés y alemán.

 No obstante, si la situación fuera diferente y estuviera trabajando como autónoma, no aceptaría estos encargos. Es un consejo que puede leerse en varios blogs de traducción. Piénsatelo dos veces, porque está en juego tu imagen profesional y que vuelvan a solicitar tus servicios en un futuro.

lunes, 24 de junio de 2013

Persona vs. máquina o por qué no vale con una traducción de Google

Últimamente, la traducción automática me persigue. En el trabajo, me ha tocado revisar bastantes textos traducidos a todas luces con el traductor de Google y medio corregidos con alguien con idea de idiomas. El otro día, se me ocurrió entrar a la página de la Fundación Universitaria de Las Palmas y me encontré, para mi sorpresa, con que tenía versiones en decenas de idiomas... Valga un botón como muestra para hacernos una idea:

(Perdón por el desencuadre de las imágenes, cosas de Blogger, pero si las pongo más pequeñas no se leen.)


Con todos mis respetos para quien decidiera incorporar un traductor automático a la web: ¿qué posibilidades reales hay de que alguien quiera leerla en húngaro, islandés, indonesio, irlandés, javanés o criollo haitiano, por poner algunos ejemplos? ¿En serio es esto necesario? Vale, sí, no cuesta mucho, es simplemente una aplicación que no hace daño a la página... ¿O sí hace daño? A mí me parece que sí, pero claro, yo soy traductora, quizás el resto del mundo piense distinto... Ni siquiera me vale la excusa de hacerlo en deferencia a los Erasmus, porque ni ellos tienen tanto que ver con la Fundación ni vienen de todos los rincones del mundo, solo de Europa.

Mi opinión es que, si se diera el extraño caso de que alguien quisiera consultar la página en estos idiomas, tienen la opción de pasar ellos mismos el traductor de Google. Si a mí llegara a interesarme mucho el contenido de una página en húngaro o hindi, también lo haría, sabiendo de antemano, por supuesto, qué tipo de traducción me voy a encontrar. Por lo menos me valdría para pillar una idea más o menos general del texto... porque para eso, creo, es para lo que más vale la traducción automática.

El otro día paseaba por una de las localidades más turísticas de Gran Canaria cuando vi una gran valla publicitaria en la que se leía, con letras enormes: «Wollen Sie leben hier?». Casi me da un patatús. ¿Así pretenden atraer a los alemanes, dando patadas a los aspectos más básicos de su gramática? A mí, desde luego, no me apetecería mudarme a un lugar que vive del turismo y ni siquiera se esfuerza en escribir correctamente una frase de cuatro palabras en mi idioma.

Sin embargo, la guinda del pastel ha llegado hoy, cuando mi hermana me ha traído el suplemento de un famoso periódico canario para que le echara un vistazo. Se trata de unas páginas sobre el orgullo gay que alguien tuvo la feliz idea de publicar en versión bilingüe. Hasta aquí perfecto, el problema empieza cuando comenzamos a leer la traducción al inglés... Les dejo algunas muestras para que se hagan a la idea. Antes de hacer las fotos, cogí el subrayador amarillo para marcar las zonas que más atención merecían, pero he desistido: todo es igualmente interesante (y triste):




Sí, es nuestro amigo Google, lo he comprobado con algunas frases... pero aparte de eso, que ya es grave, algo le ha pasado al texto por el camino y el proceso no ha sido precisamente para mejor. Si nos fijamos, se han comido un montón de espacios después de las comas, a veces hay trozos de frases metidas en otras o puntos que no deberían estar ahí. O sea, que no nos encontramos solo ante la pésima idea de publicar un suplemento periodístico traducido con Google, sino que además el texto ha sufrido extraños problemas de formato durante la edición del periódico.

¿Soy la única a la que algo así le parece totalmente vergonzoso? El traductor de Google no es un ente maligno: puede ayudarnos, como ya dije más arriba, a pillar la idea general de un texto en un idioma que no entendemos; puede, incluso, si me apuran mucho, mucho, servir para hacer alguna comunicación poco importante y, por supuesto, puede hacernos reír un rato... Pero a mí, visto lo visto, ya no me hace tanta gracia. Porque mucha gente cree de verdad que una traducción de Google es digna de publicarse. ¿En qué mundo estamos? Se trata de un periódico, no de la tienda de la esquina, que ha decidido poner su web en inglés y no puede gastar dinero en contratar a un traductor profesional. ¡Es un periódico importante, con tirada en Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura! Son gente que lleva más de cien años publicando diarios. Periodistas, preocupados, en principio, por escribir en correcto español. ¿No vale el mismo criterio de corrección para otros idiomas? ¿Es que no hay dinero para contratar a un traductor profesional? Pues si no lo hay, señores, no publiquen un suplemento bilingüe. Así no. Publiquen solo en español y quedan como reyes, pero hacer algo así es totalmente contraproducente para la imagen del periódico.

Podría seguir, pero intentaré redirigir mis energías, de forma más fría y sistemática, a reivindicar la importancia de nuestra profesión. Ya no se trata solo de una lucha contra el intrusismo laboral, ahora nos hace competencia una máquina, que es mil veces más rápida y barata que nosotros, sí, pero cuyo trabajo es de una calidad que, por suerte o por desgracia, sigue dejando muchísimo que desear.

Si te ha gustado el artículo o te ha hecho pensar, por favor, compártelo. Me encantaría que esta entrada llegara a mucha gente, y no precisamente solo traductores, que nosotros ya estamos bastante concienciados de la importancia de nuestra labor. Me interesa que llegue a todos aquellos que creen que una traducción automática es válida para algo tan importante como una publicación, sea del tipo de sea: para esos estudiantes que traducen el abstract de su trabajo final de grado con Google (y para esos profesores que exigen a sus alumnos un nivel de inglés que no tienen), para esos publicistas que intentan apelar a los turistas con traducciones automáticas, para los empresarios que recurren a ella para traducir webs, catálogos o menús de restaurantes y, sobre todo, para periodistas insensatos como los que, en la sombra, han protagonizado esta entrada. 

Sigue utilizando el traductor de Google para pequeñas cosas, para ayudarte a entender los emails de aquel antiguo amigo por correspondencia irlandés, para buscar expresiones muy cortitas y sencillas en un idioma nuevo que estás aprendiendo, para darte un empujoncito de inspiración, cuando ya tienes una sólida base del idioma en cuestión, cuando te toca escribir en «extranjero», pero, siempre, siempre, hazlo con cuidado. Si te defiendes en inglés, cualquier muestra puede convencerte del nivel de precaución que es necesario tener. Si no eres bueno con los idiomas... te queda tomar mi palabra, pero te prometo que no miento.

jueves, 13 de junio de 2013

¿Pero de dónde salen esos caracteres tan raros? (II)


Habíamos dejado nuestra historia antes de la invención del alfabeto coreano (perdonen la poca precisión léxica, pues técnicamente no es un alfabeto, pero dejémoslo así).

Al contrario que en el caso japonés, donde, como veíamos en la anterior entrada, los silabarios hiragana y katakana surgieron poco a poco y su uso no se normalizó hasta siglos después de su invención, en Corea todo ocurrió de forma más rápida y ordenada.

Nuestro protagonista de hoy es un antiguo rey llamado Sejong el Grande (1397-1450), uno de esos reyes que ha pasado a la Historia por ser como realmente debe ser un rey: ilustrado, que miraba por el bienestar y la cultura de su pueblo, docto en agricultura, medicina, música, literatura y derecho. Vamos, todo un partido para cualquier país, ¿no?

Ciertamente, los coreanos deben mucho a este antiguo monarca, pues fue él quien, preocupado por el analfabetismo extremo de sus súbditos, fruto no solo de una sociedad feudal, claro, sino también de un sistema de escritura demasiado complejo y, para más inri, ajeno a la propia lengua, decidió crear un sistema de escritura nuevo para su idioma

Así nació, en 1443, el hangeul (한글). ¿Cuántos alfabetos conocemos creados por una única persona, con una fecha de nacimiento clara e inequívoca y que hayan perdurado en el tiempo como el sistema de escritura básico de un pueblo? Probablemente haya más, sí, pero yo no los conozco. Si tú sí, me encantaría que lo comentaras para aprender todos.

Se dice del hangeul que es el sistema de escritura más lógico del mundo. Si esto no es cierto, estará como mínimo en el top tres. Veamos qué se le pasó por la cabeza al rey Sejong cuando se sentó a imaginar un alfabeto sencillo y adecuado a su lengua.

En primer lugar, es conveniente saber que el hangeul se escribe por sílabas, pero no es un silabario. Me explico: en hiragana y katakana, por ejemplo, «ma», «me», «mi», «mo» y «mu» se escriben de formas totalmente distintas: 

ま -  め - み - も -  (valga el hiragana como ejemplo).

En coreano existe una letra para el sonido de la eme y una para cada vocal, como en nuestro abecedario latino. No obstante, es importante estructurarlas formando una sílaba que debe ocupar, cuando escribimos, un cuadradito de espacio, igual que todas las demás sílabas. Aunque en coreano hay más vocales que en español y japonés, uso algunas de ejemplo, correspondientes más o menos a las nuestras, para que se vea lo que quiero decir:

마 - 매 - 미 - 모 

 Como podrás suponer, el cuadradito es la eme y el resto, las vocales. A veces se coloca la consonante a la izquierda y la vocal a la derecha y a veces la consonante arriba y la vocal abajo. También hay sílabas compuestas de tres, cuatro y hasta cinco letritas, por ejemplo, en  (man) se ha colocado la letra ㄴ(n) debajo de las otras dos para formar la sílaba completa y en (mui) se ha puesto la ㅣ(i) al lado de «mu» para crear un diptongo.

 Nunca vamos a encontrar una vocal ni una consonante solas. Esa es una regla de oro cuando se escribe coreano.

  Los componentes básicos del hangeul son catorce consonantes simples y diez vocales simples. A partir de eso se construye todo lo demás, hasta un total de cuarenta letras, entre simples y compuestas. Nada de miles de caracteres, como en chino, nada de dos silabarios de cuarenta y seis caracteres cada uno, como en japonés. Por eso digo que, una vez aprendí a escribir coreano, ya nunca se me olvidó. No es tan difícil memorizar veinticuatro letras, ¿verdad? Al fin y al cabo, nosotros usamos veintisiete. Una vez se dominan los diferentes caracteres y se entiende cómo funciona su colocación en la sílaba, ya todo el trabajo está hecho. Podemos ponernos a leer coreano en alto como locos, aunque no entendamos una palabra.

 Por último, ¿en qué basó el rey Sejong las letras que inventó?

 Por un lado, tenemos las vocales. Estas están todas basadas en tres trazos básicos que representan diferentes elementos cósmicos: el punto (.), que representa el cielo, la raya vertical (ㅣ), el hombre y la raya horizontal (ㅡ), la tierra. A partir de ahí se forman letras como ㅓ, ㅏ, ㅜ y diptongos como ㅕ, ㅑ, ㅠ.

 Por otro lado, para la creación de las consonantes, el antiguo rey se fijó en la colocación que los órganos vocales (boca, labios o lengua) adoptan cuando se pronuncia cada sonido. Podemos echar un vistazo a algunas tablas ilustrativas aquí. A veces hay que echarle imaginación, pero no puede negarse la lógica subyacente, ¿verdad?

Y con esto creo que he cumplido mi objetivo: arrojar un poquito de luz sobre estos tres sistemas de escritura y ayudarnos a todos a distinguirlos fácilmente. No entra en mis planes convertir este blog en un blog de aprendizaje de coreano, pero seguiré dando pinceladitas coreanas y asiáticas con regularidad. Para quien esté más interesado, en la red hay recursos y materiales muy buenos para iniciarse en cualquiera de estos idiomas. Desde luego, hay mucho más de lo que había hace once o doce años, cuando me puse a buscar por primera vez, e incluso en aquella época encontré algunas cosas muy buenas.

lunes, 10 de junio de 2013

¿Pero de dónde salen esos caracteres tan raros? (I)


Siguiendo en la línea de mi entrada anterior, vamos a investigar un poquito en qué se basan las escrituras china, japonesa y coreana y por qué sus caracteres son tan complicados (o no tanto, que ya hemos visto que no son todos igual de complejos).

Obviamente, todos sabemos que en el mundo ha habido muchas civilizaciones, cuyo grado de relación con el resto variaba de muy alto a escaso o nulo, y que fueron desarrollando sus propios idiomas y su propia escritura. Seguro que a la mayoría nos fascinó, cuando éramos pequeños, la escritura jeroglífica de los antiguos egipcios. No voy a meterme en un berenjenal hablando de la escritura egipcia porque es un asunto complicado y que no he estudiado, pero la idea subyacente en este tipo de escritura no difiere mucho de los caracteres chinos: en esencia, se trata de ideogramas (a veces combinados con signos ortográficos) que representan, como su propio nombre indica, ideas en lugar de fonemas, que es a lo que estamos acostumbrados en Occidente y que conforman los sistemas de escritura de la mayor parte del mundo. 

Centrémonos primero en cuáles son los cuatro sistemas de escritura que nos ocupan (entendamos aquí «sistema de escritura» como alfabeto, silabario o conjunto de ideogramas)

1. Los hanzi chinos —llamados kanji en japonés y hanja en coreano y utilizados, en mayor o menor medida, en los tres países (汉字);
2. El silabario japonés hiragana (ひらがな);
3. El silabario japonés katakana (カタカナ);
4. El hangul coreano (한글).

(Escrito cada nombre en los caracteres propios).

De estos cuatro, únicamente los caracteres chinos son ideográficos. Lo demás son solo sistemas de escritura fonológicos, aunque no exactamente iguales que el nuestro, pues no se escribe, como si dijéramos, letra a letra, sino por sílabas.

¿Qué significa esto? Al menos, a priori, los otros tres sistemas son mucho más sencillos de memorizar, de escribir y, en general, de utilizar. Pero no adelantemos acontecimientos.

De todas estas escrituras la china es, con diferencia, la más antigua. De hecho, en sus comienzos los caracteres chinos se parecían más a dibujitos, al estilo egipcio, de lo que lo hacen hoy. Imagino que si los egipcios siguieran escribiendo en jeroglífico, con toda seguridad estos también se habrían simplificado drásticamente (aunque, a nuestros ojos occidentales, los caracteres chinos sigan siendo endiabladamente complicados) hasta convertirse en trazos más fáciles de escribir. Se cree que esta escritura data aproximadamente del siglo XII a. C, lo que implica que, con su lógica evolución, lleva usándose unos tres milenios.

Primitivos caracteres chinos
Caracteres chinos actuales
Cuando nació la escritura china, los japoneses y coreanos, así como otros pueblos de alrededor (por ejemplo, los vietnamitas), no contaban con escritura propia, por lo que adoptaron los caracteres chinos para escribir en sus propias lenguas, cuya pronunciación y gramática tenían y tienen muy poco que ver con la del País del Medio.

Lógicamente, esto genera problemas. Debemos tener en cuenta que la gramática china no se caracteriza precisamente por su complicación. Para nada. Se trata de una gramática tan sencilla que yo suelo calificarla como casi inexistente. Valga como ejemplo que los verbos no tienen desinencia alguna, más que ciertas partículas al final de la frase para indicar, por ejemplo, que se trata de un pasado. No se conjugan, no varían ni un ápice de un uso al otro. Así, usaría siempre el carácter  (aì), que significa «amar» y «amor» , para construir frases como «te amo», «lo amarías», «amábamos a nuestra madre», «el amor es muy bonito», «el amor que siente por ella lo llevará a la ruina», etc. 

Sin embargo, el coreano y el japonés son totalmente diferentes en este aspecto. Ambos cuentan con gramáticas muy complicadas. Si vamos al mismo ejemplo, la cantidad de variaciones que puede sufrir un verbo es abrumadora, pues en estos idiomas (cuyas gramáticas, dicho sea de paso, siempre he considerado asombrosamente parecidas) no solo hay que tener en cuenta aspectos como la persona que habla (aunque el verbo no se conjugue como estamos acostumbrados) o el tiempo verbal, sino también la persona a la que se habla. No digo de la misma manera «estoy cansada» si hablo con mi hermano pequeño que si hablo con mi hermano mayor, con un subordinado o con mi jefe o con un miembro de la aristocracia o de la realeza. Ni siquiera unas simples «gracias» las digo de la misma manera. Este tipo de detalles, que pueden ser un infierno para el estudiante occidental, también hacen de la gramática de estos idiomas algo muy distinto de la del chino.

Entonces, ¿cómo se las apañaban japoneses y coreanos escribiendo en esos caracteres, que pertenecían a otra lengua, todo lo que querían expresar en la suya? Como no podía ser de otra manera, terminaron por darse cuenta de que era inviable. 


Así nacieron en Japón, ya varios siglos entrada nuestra era, los silabarios hiragana y katakana, ambos derivados de los kanji chinos. En un principio, el primero, de letra cursiva, era considerado escritura de mujer y el segundo, de trazos más rectos, de hombre. Con el tiempo, este uso varió y hoy en día se utilizan junto a los kanji en un sistema que mezcla, como vemos, tres tipos de escritura diferentes. Los hiragana ayudan a aportar toda la gramática que los kanji no pueden, mientras que los katakana se utilizan para escribir los préstamos extranjeros no procedentes del chino.

Si quieres echar un rápido vistazo a los dos silabarios, observar cómo quedaría escrito el mismo texto utilizando uno u otro y leer una breve explicación, pincha aquí y aquí.

Hasta aquí, la historia japonesa, pero, ¿qué ocurrió exactamente en Corea? ¿Qué tipo de sistema de escritura surgió y cómo lo hizo? Lo descubriremos en la próxima entrada y les animo a estar atentos; a mí siempre me ha parecido una bonita e interesante historia.

martes, 28 de mayo de 2013

Mira, mamá, un chino... ¿O no?


Como ya he explicado al hablar sobre mí, Asia Oriental es un espacio geográfico y cultural que siempre ha despertado no solo mi interés, sino también mi cariño y mi respeto. 

Fruto de esta ilusión por lo asiático, estuve estudiando chino mandarín durante un año y medio y si lo dejé no fue porque cesara de interesarme, sino porque la profesora que nos daba clase decidió dedicarse a otros asuntos. También he flirteado alguna que otra vez con el japonés: me he aprendido los silabarios hiragana y katakana un par de veces (para volver a olvidarlos luego por falta de uso), he visto anime en versión original subtitulada y, en una ocasión, quise apuntarme a una academia, pero finalmente no pudo ser.

Sin embargo, no tengo dudas de cuál es el idioma asiático al que más cariño profeso, la cultura que más me llama la atención: Corea, los coreanos y su lengua ocupan un lugar importante en mi corazón. Conozco perfectamente la razón: a los doce o trece años me hice muy amiga de aquella timidísima niña coreana que había en mi clase (y que sigue siendo una de mis amigas del alma: 친구, 사랑해!). A partir de ahí, mi interés por su lengua y su cultura no dejó de crecer. Aprendí muy pronto a leer coreano (y, a diferencia de los silabarios japoneses, el hangul coreano no se me ha olvidado jamás), empecé a estudiar el idioma por mi cuenta, preguntando las dudas a mi amiga, practicando un poquito, muerta de vergüenza, con su familia, intentando hacerme entender con su abuela, por teléfono, en mi coreano macarrónico, para luego no pillar absolutamente nada de la respuesta que me daba. Hice un poquito de inmersión cultural con la comunidad coreana de Las Palmas (de las más importantes de España, gracias a nuestro puerto) e investigué sobre cultura, fiestas, tradiciones, etc.

Hace mucho tiempo que no toco ni el coreano, ni el chino, ni mucho menos el japonés, pero la idea siempre está ahí, at the back of my mind, como dicen los angloparlantes. El otro día, pensando sobre posibles entradas para el blog, me di cuenta de que tenía muchas ganas y muchas razones para hablar sobre el Asia Oriental, sus lenguas y culturas y, en especial, sobre Corea y el coreano. Las ganas no hace falta que las explique. ¿Las razones? Me sirve a mí para refrescar conocimientos y, quién sabe, tal vez volver a empezar a caminar en esa dirección; les sirve a ustedes también, para conocer aspectos básicos de una lengua que no suele tener demasiada difusión y, sobre todo (este es mi objetivo primario) para, al menos distinguir entre un idioma y otro, entre una cultura y otra e, incluso, entre unas personas y otras (es posible, no miento).

¿Por qué digo esto? Siempre me ha molestado el hecho de que, en España, en general, Asia es China. A veces, muy de vez en cuando, Japón. Pero ya está, para de contar: Corea no existe, Tailandia no existe, Indonesia no existe y podría seguir así un rato. Si alguien ve un asiático por la calle, ha visto un chino; si alguien se alisa el pelo para que le dure seis meses, se ha hecho un alisado chino (yo misma me alisé el pelo dos veces y los que me lo hicieron y sus productos eran coreanos, no chinos), y si alguien ve caracteres extraños en la puerta de un pequeño mercado, por supuesto, es chino.

Esta claro que exagero. Y menos mal. Hay mucha gente a la que también le interesan estos países. En especial, Japón y su idioma tienen muchos fans, esa gente a la que le gusta leer manga y ver anime, o, al menos, comer sushi, maki y tempura. En el ámbito gastronómico, es cierto que solemos saber distinguir entre comida japonesa y china, aunque pocas veces tengamos en cuenta que la mayoría de los restaurantes japoneses están regentados por chinos y coreanos.

Opino, en fin, que hay una laguna cultural muy grande. Es cierto, son países que nos quedan muy lejos, pero eso, hoy en día, no es una excusa. Por otro lado, no puedo pedir que a todo el mundo le interese ser correctos y precisos al definir culturas, países y personas. Sin embargo, nosotros somos traductores, a nosotros sí debería importarnos, y mucho. No se nos ocurriría confundir Austria con Alemania, Canadá con Estados Unidos, Irlanda con Inglaterra (parejas de países que incluso hablan el mismo idioma), pero sí nos descuidamos a veces pensando en Latinoamérica como un todo homogéneo (nada más lejos de la realidad), en África como dos partes homogéneas (la África árabe del norte y la África negra del sur), en la extinta Europa del Este como el bloque que ya no es... o en Asia Oriental como una China más enorme aún de lo que realmente es, ese gigante asiático que amenaza con comernos a todos en un futuro no muy lejano.

Como ya me ha quedado una entrada muy larga, pero no quiero despedirme sin dejar nada de chicha, dejo aquí, para echarles un vistazo ahora y desgranarlas otro día, unas pequeñas muestras de idiomas asiáticos por escrito. Para muchos habrá poca novedad en esto, pero creo que es importante empezar por el principio y dejar claros algunos conceptos. 

Chino mandarín. Caracteres pictográficos.

Japonés. Hay algunos caracteres "al estilo chino" ahí dentro,
pero no todos, ¿verdad? Curiosa mezcla que tiene su razón de ser.

Coreano. Se ve a la legua que es totalmente diferente
y muchísimo más sencillo. Ya veremos por qué.

Tailandés. Sé muy poco de este idioma, pero siempre
me ha encantado su escritura. Mucho más florida que
las demás, como vemos. Visto esto, la posibilidad de confusión
es nula.



Es fácil darse cuenta de que, a poquito que uno se esfuerce mínimamente, distinguir, al menos, el idioma en el que un texto está escrito no es nada complicado. ¿A que no?

Seguiremos en la próxima entrada explicando un poco estas diferencias y desvelando misterios.

Hasta entonces, 안녕히계세요!

¿Qué idioma ha sido? Si solo ves cuadritos... es hora de ir añadiendo idiomas al ordenador :D